30 mayo 2022

Viaje en avión

 

I

-          ¡Tengo mucho miedo!

-          Por favor, vaya a su lugar, estamos por despegar

-          ¡No puedo! ¡Me quiero bajar!

…

II

“… lo siento hermano, no pude viajar. No te pudo explicar que pasó, solo me entró un pánico que jamás había experimentado.”

-          Oficial, Ese correo me llegó unas horas después de que mi hermano se bajara del avión. Él me lo escribió ¿Por qué lo culpan del accidente? ¿O no fue un accidente?

-          Técnicamente así fue. Un accidente. No hubo sobrevivientes. Solo su hermano, que al final no hizo el viaje. Por eso investigamos.

-           No sé qué decirle. Mi hermano es malhumorado, a veces, pero no es mala persona. Por supuesto que no creo que sea un terrorista. ¡No es un asesino!

-           ¿Así que todo fue una corazonada?

-           No sé qué fue. ¿Ya le preguntaron?

-           Eso hacen mis colegas de su país.

III

-          Es cierto lo que te digo. Hasta antes de sentarme en mi asiento, todo estaba bien. Incluso tenía curiosidad por saber que se siente ir en avión. Pero me senté e inmediatamente me entro un pánico, un terror, incontrolable. No lo puedo explicar.

-          Pues solo tú sabes que pudo ser. Lo que haya sido, te salvó la vida. No hubo sobrevivientes

-          ¿Crees que eso me hace sentir bien? No sé qué pasó. Pero el dictamen técnico del accidente deja muy claro que fue un fallo en la turbina, un defecto en los fierros que usan para el mantenimiento.

-          Pero estás de acuerdo que resulta muy extraño tu caso.

-          ¿Crees que no me pregunto cada día porque me pasó eso? ¿Por qué sigo vivo? ¿Para qué? No lo sé…

-          ¿Qué crees que pasó?

-          Creo que es una especie de sentido súper desarrollado, como cuando estas frente a un peligro, solo que éste me funciona a futuro. No lo sé. No encuentro otra explicación. ¿Para qué sigo vivo? ¿Por qué? No lo sé.

27 mayo 2022

Cumpleaños


Hoy cumple años mi sobrina. Una de mis sobrinas. Está cerca de dejar la niñez y comenzar la pubertad. Ella y mis demás sobrinos, son lo más cercano que tendré de un hijo. Porque no pienso tener hijos y ya mi edad no está para tener uno. Además de la situación económica. Y mundial.

Vivimos en el infierno.

Total, que hoy cumple un año más de vida. Llegue a casa de mis haceres cotidianos y ya estaba ahí, radiante, con los regalos que le dio su padre. Todo de Harry Potter: chamarra, una “varita mágica”, la bufanda.

La bufanda me gustó. Trae el emblema de la casa de Harry Potter. Sus colores me gustan. También le regaló un Dobby de peluche. Sonrisa franca. Sonrisa de niño. Yo tengo una foto mía de niño, lo cual es extraordinario. Si tengo a lo más unas 100 fotos mías, son demasiadas. Contando hasta hoy, en toda mi vida.

Nunca fui adicto a tomarme fotos o que me tomaran. Así que esa foto que tengo, es una ampliación de una foto que me tomaron mis abuelos, creo, en un negocio dónde sacan fotos, hace muchos años.

Porque el fondo es artificial, un fondo que no es una casa o al aire libre. De las pocas fotos mías, como dije antes, que tengo de mí. Mi papá me regaló esa ampliación, porque tengo esa sonrisa franca de niño. Cada que lo veo le pregunto “¿Por qué estás tan feliz?”, yo no recuerdo porque era tan feliz.

Hoy tengo un aspecto que se acerca más a un sicario que a una persona de bien. Y soy una persona de bien. Una persona de bien, no necesariamente tiene poder adquisitivo. Una persona de bien, paga sus impuestos, no se mete en problemas, busca solucionar los problemas antes de que crezcan, de la mejor manera y sin afectar o afectar en lo mínimo a los demás.

Pero estoy a disgusto con la vida. Con mi vida. Así que hoy que vi a mi sobrina y su radiante sonrisa de niño, quede satisfecho. Sé que estos momentos le ayudaran cuando le toque la vida adulta. Sin embargo, y por eso me dio por contarles este pedazo de mi vida, es que a pesar de su sonrisa, también me mostró ese rostro serio, triste, sombrío que traemos los adultos.

¿Qué más se puede esperar? Está creciendo, en un par de años más, pubertad, otros tanto más, mayoría de edad y luego, estudio (más), trabajo, estudio-trabajo, volverse “adulto”. Volverse gris.

No es que se lo desee, pero no creo que ella se salve de ese cruel destino.

A mí los cumpleaños no me gustan. Sobre todo el de los niños. Me da nostalgia, me traen recuerdos felices, que son eso, recuerdos y no realidades, no actualidades. Por hoy, celebraremos el cumple de mi sobrina. Por unos instantes de tiempo, seremos felices. Que sirvan de aliciente para el futuro.

Sé que alguna vez en mi vida fui muy feliz. Tuve esa sonrisa franca de niño.

¿Hay quienes nunca la tuvieron? De verdad, espero con todo mi corazón que no, que todos los seres humanos en su niñez hayan tenido esa sonrisa franca de niño.

19 mayo 2022

Ganas de matar

 

¿Has tenido la idea de matar a una persona? En estos últimos meses me ha pasado esa idea por la cabeza. Acabar con la vida de alguien. De entrada se oye feo. ¿Cómo puedes pensar eso? No me considero una persona espantada con las cosas de la vida. He pensado en el suicidio. Por ahí tengo una entrada sobre eso. Ahora pienso en que quiero matar a un grupo de personas.

En realidad no deseo su muerte; lo que quiero es que se detengan, que dejen de hacer sus fechorías, corruptelas. No hay justicia humana, mucho menos divina. Nadie los puede detener. Hablar con ellos, hacerlos entender que dejen de andar haciendo sus cosas. No se van a detener. Solo la muerte los puede detener. La muerte es la solución a todos los problemas.

No se espante, lector, no tengo perfil de asesino. A lo más de suicida. Además, lo que más aprecio de mi vida, es la libertad. Y no me creo capaz de hacer un plan para asesinar a personas y que no sepan que fui yo.

Algún día moriré, así que la muerte en sí, la mía o de quien sea, no me asusta. Me da curiosidad.

¿He matado a algún ser vivo? Sí, como la mayoría. Mosquitos, moscas, cucarachas, ratas, etc. Lo normal, creo. Como carne de puerco, vaca, chivo, borrego, pollo. Si bien no los maté, me como el animal sacrificado. Mi necesidad de comer carne, hace que alguien mate a esos animales, así que de alguna manera soy responsable indirecto de esas muertes.

Así que pienso de la muerte como una parte de la vida. Algún moriré. Pero lo que he atestiguado, es que la muerte es la única entidad que puede detener a los corruptos. Piensen en su corrupto favorito. ¿Quién lo detuvo? Claro, hay casos de políticos corruptos tras las rejas. Muy pocos si se comparan con la cantidad de políticos corruptos que existen.

Piensen en Augusto Pinochet, el padre Marcial Maciel, que vivieron una larga y próspera vida (cometiendo fechorías) y solo la muerte los pudo detener. No los detuvo la justicia humana. Menos el no sabemos si existe o no Dios. Los detuvo la muerte. Muerte natural, por cierto. Quedaron impunes.

Creo que la justicia, de existir, se tendría que ser administrada por uno mismo. Yo, te juzgo y te condeno a morir, para que dejes de hacer tus malos manejos. De otra manera no te detendrás. Porque no se detienen.

A Gustavo Díaz Ordaz solo lo detuvo la muerte. Salinas de Gortari, como no ha muerto, sigue impune.

Veo esos videos de los asesinos de masas (como los asesinatos de Columbine). Se ve tan fácil. Aunque todo depende del contexto: en el mío, no es tan sencillo conseguir un arma. Aunque tampoco es imposible. Pero además, yo no sé usar un arma. Tampoco creo que sea tan complicado. Pero de tantas pequeñas complicaciones, se hace muy difícil.

En Estados Unidos, dada la facilidad de adquirir un arma, hay una facilidad para entrenarse en el uso de ella y luego entonces ¡pum! ¡Masacre!

Así que solo fantaseo. Fantaseo con acabar con aquellos (que están a mi alcance) de esa manera. Una masacre.

La única vez que he disparado un arma, fue cuando hice el servicio militar. Que les cuento, el sordo y áspero sonido del estruendo del arma, al dispararse no me fue agradable. Al contrario.

Y como corolario a mi fantasía, respondo la cuestión que me hago ¿por qué quiero matar a una persona? Lo quiero hacer porque no hay justicia. Ni humana, mucho menos divina.

20 enero 2022

De la incomprensibilidad de los dioses, si es que existen.

 

Hay muchos programas de televisión, actualmente, series en cadenas de video bajo demanda, como Netflix, donde se aborda el tema de Dios y su relación con sus creaciones. Específicamente, el ser humano (y sus regulares interacciones con los ángeles).

Acabo de terminar de ver la serie de Netflix Lucifer. Trata sobre la vida de Lucifer en la tierra, en la actualidad, En los Ángeles, California. Lucifer es un millonario, que posee un lugar de entretenimiento. Se encarga de proporcionar “favores” a los humanos, después de aburrirse de estar en el infierno, castigando a los pecadores.

La cuestión sobre esta visión del Diablo, viviendo entre humanos, como un humano más, es que se comporta como un humano más. Es decir, fuera de su gran poder, el ser millonario, que bien podría ajustarse a otro personaje ficticio, Batman. Pero Batman es humano. El Diablo no.

Sin embargo, su problemática es muy humana: se enamora, se enoja, ríe, llora, se frustra. Como todo ser humano. Y ahí radica la cuestión. No debería ajustarse al comportamiento humano. Es una divinidad. Por otra parte, ya los griegos nos han contado la historia de sus dioses, que siendo dioses, se comportan de manera muy humana.

Tienen deseos, son egoístas, luchan por ver quién es el más poderoso, se enamoran, llegando al grado de enajenarse con humanos. Por favor, son dioses.

De existir Dios, sería incompresible para los humanos intentar siquiera, entender su actuar. No deberían estar sujetos a las pasiones humanas. Pero no sabría explicar cómo debería ser su comportamiento. No soy un dios y no conozco a uno.

Tanto en la literatura, como en las películas y series de televisión,  cuando se narran historias de dioses, es en realidad la historia de un humano con mucho poder. Usualmente un poder meta humano. Es decir, son extremadamente poderosos, pueden volar, son inmunes a cualquier elemento que potencialmente puede matar a un humano, son longevos, por no mencionar que no envejecen. Dada esa longevidad, les permite ser millonarios.

Por ejemplo, Superman, que en su identidad secreta se desempeña como reportero, en el fondo él no se preocupa realmente por las situaciones que a cualquier ser humano le preocuparía. Como estar en peligro de muerte, proteger a sus seres amados. Porque saben que, dado el caso, recurren a sus poderes meta humanos y salvan la situación.

Los griegos ya lo refirieron: se llama Deux Ex Machina, el dios de la máquina. Es la manera en como resuelven un problema irresolvible en términos humanos. Por ejemplo, en el Señor de los Anillos, cuando Gandalf va con los Hobbits, Aragorn, Gimli y los demás, al internarse a Moria, la mina del enano y se encuentran con el Balrog (una especie de demonio ultra poderoso) y lo enfrenta, sabiendo que lo más seguro es que lo mate, el Deux Ex Machina sale a relucir porque logra ganarle, aduciendo a poderes místicos más allá de la humanidad. Logra una mejora en su desempeño. ¿Por qué? Pues porque en realidad Gandalf no es humano, es un ser superior.

Pero en la realidad, la humanidad no es un ser superior. Aquí me surge el cuestionamiento del porqué nos empeñamos (bueno no todos, pero sí los que cuentan las historias) en pensar en seres meta humanos, si no existen.

Creo que se trata de un mecanismo de defensa de nuestra evidente impotencia para solucionar problemas que no pueden ser solucionados por una persona. Por muy poderosa que sea. Estoy pensando en los millonarios, como Carlos Slim en México, y más específicamente en estos momentos, pienso en Steve Jobs. Millonario, idolatrado por millones de personas en todo el mundo, con una inteligencia sui generis. Con todo y eso, un cáncer de páncreas se lo llevó. Ni Gandalf, ni Superman, Batman podrían morir de manera tan humana.

Las películas de Spiderman, Superman, Los Vengadores, Los Eternos nos muestran esas imposibilidades de existencia. Los dioses no existen, más que en el imaginario. Y Dios entra en esa categoría. Mucha gente cree que Dios existe. Pero si se toman el tiempo necesario para pensar en su existencia, se darían cuenta que es el paliativo, el mecanismo de defensa que les dice “ey, todo va a estar bien, Dios sabe lo que hace”.

Durante el desarrollo del ser humano, los padres vienen a solventar (en los casos de tener buenos padres, aclaro) a la presencia de Dios. Los padres hacen lo posible por resolver la problemática de sus vástagos. Y uno, siendo infante, sabe que ellos, papá y mamá, sabrán que hacer. Incluso no es necesario llegar a pensar “mis papás me van a sacar de este problema”. Simplemente sucede.

Conforme vas creciendo, te das cuenta que tus padres no son dioses, que también tienen defectos y deficiencias, que va a llegar un momento en el cual ya no te podrán ayudar, aunque quieran. Porque la edad, las vicisitudes de la vida y tu crecimiento cronológico juegan en tu contra.

De un día para otro ya puedes votar. Recuerdo el día que fui mayor de edad. Por favor, si ayer era un no imputable judicialmente hablando, hoy, escasas 24 horas con respecto a ayer, ya lo soy. ¿Quiere decir que en 24 horas ya soy un hombre? ¿Quiere decir que en 24 horas ya tengo todo lo necesario para enfrentar la vida, ya sin mis padres?

Aquí entra también el tema del destino. Si Dios ya escribió nuestro destino, no somos más que personajes de un libro, cuento, película o serie de TV. Nuestro destinó dependerá de la imaginación del o los escritores. A veces, ese destino se ve influenciado por la popularidad del personaje. Tal fue el caso de uno de los Robin de Batman, que por votación se decidió si moría o seguía vivo.

Pero, en mi experiencia, no puedo concebir que Dios ya escribiera mi destino. Porque entonces, todo lo bueno y lo malo que he vivido y que habré de vivir, ya está preconcebido. Yo ni siquiera sería un actor. Porque el actor está consciente de su personaje, sabe que eso es que hace no es él. Es una personificación de la imaginación de alguien más.

Además, ¿Por qué Dios habría de escribir historias desgarradoras, de sufrimiento, pudiendo relatar puras historias de éxito y finales felices? Por eso, series como Lucifer, se presentan tan humanizadas (y he ahí la razón de que gusten tanto) que se trata de un super héroe más. Apelan al libre albedrío de cada ser humano, y en este caso entonces Dios, no ha escrito un destino. Te deja ser, a ver qué haces. Pero si haces mal, haces daño ¿Por qué no te detiene? Y aquí recuerdo hechos históricos como la vida de Hitler, el padre pederasta Marcial Maciel, muchos ex presidentes mexicanos, empezando por Carlos Salinas de Gortari, que tanto daño han hecho a la humanidad y no hay castigo, bueno, ni siquiera hay un poder que los detenga en su hacer.

Creo que es imposible escribir sobre el comportamiento de los dioses. Es como si un perro o un gato o cualquier mascota escribirán sobre la humanidad. Simplemente no hay un lenguaje de pleno entendimiento. Porque todas las historias sobre dioses o seres supremos, terminan siendo relatadas desde el entendimiento humano, con pasiones, amores, desencuentros y todos los sentimientos que son propios de la humanidad.

Por eso creo que Dios no existe. Así como no existe Superman.

12 diciembre 2021

Más allá de la muerte


Yo creo que cuando uno muere, se acaba todo. Es decir, no creo en un “mundo” en el más “allá”. Creo que cuando uno muere, sobreviene la nada. ¿Qué es la nada? Bueno, para mí, es lo que hay entre el núcleo del átomo más sencillo que existe, el hidrógeno, y el electrón cuya órbita es la más cercana al mismo. Eso hay sin más. Nada. Así que con esto podría por dar por terminado este escrito.

Pero no, seguiré desarrollando lo que las culturas nos han dicho sobre lo que sucede después de morir. Recuerdo, de mis años en la escuela primaria, que me dio mucha curiosidad, fue el tema de la reencarnación y el sistema de castas, según los hindúes. Cabe destacar, que mi formación con respecto a la religión, es católica. Ya para esos años, estaba bautizado y confirmado. Hasta fui al catecismo.

Así que el  saber que existe otra manera de “ver” el mundo (con respecto a los preceptos que dicta la religión), me sorprendió mucho. Tanto que en ese momento no me caí en cuenta de lo trascendental que dicho conocimiento iba a ser en mi vida. La manera en como los hindúes pensaban en la reencarnación, según tu comportamiento, fue una explosión en mí raciocinio. Y entonces ¿Dios, nuestro dios, no es el único? ¿Por qué esa cultura tenía tantos y variopintos dioses? ¿Se enojará diosito si me pongo a pensar en esto que estoy pensando? Porque ciertamente estaba yendo contracorriente, aun sin estar plenamente consciente de ello.

Después vinieron los etruscos, los romanos, los griegos (oh, los griegos), los vikingos, las guerras mundiales y eso en parte hizo que mi creencia en dios desapareciera. Hoy me considero ateo. Y creo que una vez que te mueres, ya, no hay nada. Nada para ti, y nada de ti para lo no ti, aquello con lo que en vida te relacionabas. Te mueres y se acaba todo, para ti y para los otros (con respecto de ti).

Si mal no recuerdo, la reencarnación para los hindúes va a depender de cómo te hayas portado en la vida. Puedes pasar de ser un humano, a un buey, un insecto, o una piedra. Dependerá de tu comportamiento en la vida. Pero si eres la piedra que fue angular de cualquier construcción, entonces en tu próxima reencarnación, serás un miembro de los brahmanes. Algo sí creo que funciona. Me pregunto, en caso de ser la piedra angular, ¿Cuándo pasaré a mi próxima reencarnación? ¿Hasta que la edificación sea destruida en su totalidad? De ser así, pobres de los que son piedra angular de la Gran pirámide, de la torre Eiffel, de la pirámide de Teotihuacán. Pobres, han esperado y esperarán por mucho tiempo para su reencarnación.

En mi caso, mexicano que soy, lo que me dicen de la muerte es que hay “otra vida”. La vida en el más allá. Una creencia amalgamada en el sincretismo del catolicismo español y las creencias nahuas sobre la muerte. De ahí nuestro tan colorido y afamado día de muertos.

Básicamente se trata de una “extensión” de la vida, después de la muerte. Tanto para los católicos, como para los creyentes del Mictlán. Con algunas variaciones, se mantiene la coherencia individual de las personas. Y eso es lo que no me gusta. No me gusta porque me condena a una eternidad de sufrimiento. Porque sí, la vida es sufrimiento. No necesito más vidas para darme cuenta que pocas, muy pocas personas en el mundo pueden vivir siendo, la mayor parte del tiempo, felices. Se les conoce como millonarios o ricos. Y hasta eso, ellos, algunos, también se suicidan (lo cual me da un indicio que tampoco les gustó mucho la vida, que digamos).

Además, eso de sufrir y ser abnegado en este vida, para después tener nuestra recompensa en el más allá (muy propio de la cultura católica) no, para nada, me convence. Porque creo que después de la muerte hay nada.

También pienso en esa consciencia que trasciende a la muerte. Porque eso es lo que conlleva el creer que hay otra vida. En todas las versiones de la vida después de la muerte, tienen en común el que no se pierde la coherencia individual. Recordamos, algunos más fácil que otros, lo que ya “vivimos”. Seguimos siendo, nosotros. ¡Más allá de la muerte!

¿Qué pasa con los demás seres vivos? Perros, gatos, caballos, ballenas, insectos, serpientes y un infinito etcétera. ¿Ellos también trascienden? En esa extensión de la vida ¿también habitan animales, insectos, plantas? Pensar en lo que hay más allá de la muerte, llevando nuestra consciencia individual, da más problemas de lo que pudiera resolver.

Eso de que reencarnamos y nos encontramos con nuestros seres queridos, me da ansiedad. Me dicen que la que hoy es mi madre, en mi otra vida  fue mi hermano o mi novio o mi amante o mi esposa. No me resulta grato pensar que así sea. Por eso es que no creo que haya una extensión de la vida, una vida más allá de la muerte.

Y entonces ¿Qué sentido tiene nuestra existencia? Bien, después de muchos años, de verdad muchos años de pensarlo, creo que la vida humana no tiene sentido. La existencia del planeta tierra no importa en realidad. Si en el transcurso de los próximos días, el planeta tierra es destruido (para este ejercicio mental, no importa el cómo, así que puedes imaginar el escenario que  más te guste), al universo no le va a afectar en lo más mínimo.

Es más, eh ahí un indicio del sin sentido de la vida humana. Que importa todo el cúmulo de conocimientos que se estén generando en este momento, si en los próximos días no habrá humanos para los cuales van dirigidos esos conocimientos. Supongamos que en tres meses se encuentra la cura al cáncer (sí, estimado experto, el cáncer es muy variopinto, pero solo es un ejemplo muy genérico), pero el planeta tiene solo dos meses de existencia ¿Qué sentido tendría seguir esforzándose en encontrar esa cura?

Por eso creo en la no existencia de vida más allá de la muerte. Pero, dado que ese pensamiento es muy triste, porque sería aceptar que no tiene sentido la vida humana; es más, ya lo dije, no tiene sentido la existencia del planeta tierra, voy a exponer que es lo que puedo llegar a aceptar, en caso de existir un más allá.

El tema central a resolver, lo que más problema nos da, es la coherencia individual, nuestra consciencia. ¿Qué es eso? Básicamente, nuestra personalidad. La manera en como pensamos, en cómo resolvemos los problemas cotidianos, como nos relacionamos con los otros, es pues, nuestro hacer continuo en la vida interna y externa, porque también incluye nuestro muy particular tren de pensamientos.

Si resolvemos eso, pudiéramos hablar de una vida más allá de la muerte. La resolución que a mí me da tranquilidad es pensar en la consciencia de cada quien, como si fuera un ente, que generalmente le llamamos “chispa divina” o energía o alma o espíritu. Aquello de nosotros que no es nuestro cuerpo carnal. Digo yo que es nuestra mente, esa parte que radica en el cerebro, pero que no es tangible. La serie de impulsos eléctricos de nuestras neuronas que nos hacer ser seres individuales. Es la diferencia que hay entre el software y el hardware de las computadoras.

Nuestra consciencia es el software de cada uno de nosotros. Bien pues, ese espíritu, que está contenido en nuestro cuerpo, en esencia, no tendría que estar contenido, pero se encuentra así, para darnos individualidad, la coherencia individual antes mencionada. Nuestro cuerpo nos provee de experiencias de toda índole, en esto que llamamos vida cotidiana, y nuestro espíritu se encarga de darles sentido, de colocar esas experiencias que van formando nuestro carácter, nuestra forma de ser.

De tal suerte, que ya para cuando estamos viejos (o aquellos que llegan a ser viejos) tenemos todo un cúmulo de experiencias. Y de ahí nuestras alegrías y tristezas. Hay otro elemento a considerar: el deterioro de nuestro hardware, el cuerpo humano. Conforme más envejecemos, perdemos habilidades mentales y físicas. No importa lo sano que te hayas comportado en tu vida, no importa lo deportista que hayas sido, la vejez te hará añico tarde o temprano. Por eso inventamos el mito del vampiro, el ser sempiterno, que nunca envejece, que conserva su fortaleza de juventud.

Pero el ser humano, el verdadero ser humano está condenado a la decrepitud. Las fuerzas se van, la lucidez se termina, el cansancio se apodera del ser, el cual está condenado a morir, sí o sí. Y morimos en la decrepitud. Entonces, lo que sí puedo aceptar es que esa energía, espíritu, alma o coherencia individual se diluye, con todo y su cúmulo de experiencias de vida, esto es y en resumen, con todas sus alegrías y tristezas, junto a otras coherencias individuales, formando un conjunto de todas las coherencias individuales que han fallecido.

Es como cuando arroyos y barrancas nutren a los ríos y éstos a su vez nutren al mar. Ese mar es lo más cercano que puedo definir como Dios. Ese cúmulo de experiencias, ese mar de consciencias, de coherencias individuales, al diluirse unas con otras pierden esa individualidad y ese ser deja de ser quien fue, al estar contenido en su cuerpo. De esta manera, nuestro cuerpo no es más que un contenedor del alma o energía y sirve para que esa energía se convierta en una coherencia individual, que tarde o temprano regresará al mar de las no individualidades que se nutren con las experiencias ganadas en aquello que identificamos como vida.

De ésta manera es cómo puedo aceptar una vida después de la muerte. Lo malo es que el día de muertos mexicano no tendría sentido. Y es bien bonito el día de muertos.

El último día de mi vida (II y final)

Advertencia: El contenido del siguiente texto trata sobre el suicidio, desde mi punto de vista, por lo que no es la opinión de un experto y...