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30 mayo 2022

Viaje en avión

 

I

-          ¡Tengo mucho miedo!

-          Por favor, vaya a su lugar, estamos por despegar

-          ¡No puedo! ¡Me quiero bajar!

II

“… lo siento hermano, no pude viajar. No te pudo explicar que pasó, solo me entró un pánico que jamás había experimentado.”

-          Oficial, Ese correo me llegó unas horas después de que mi hermano se bajara del avión. Él me lo escribió ¿Por qué lo culpan del accidente? ¿O no fue un accidente?

-          Técnicamente así fue. Un accidente. No hubo sobrevivientes. Solo su hermano, que al final no hizo el viaje. Por eso investigamos.

-           No sé qué decirle. Mi hermano es malhumorado, a veces, pero no es mala persona. Por supuesto que no creo que sea un terrorista. ¡No es un asesino!

-           ¿Así que todo fue una corazonada?

-           No sé qué fue. ¿Ya le preguntaron?

-           Eso hacen mis colegas de su país.

III

-          Es cierto lo que te digo. Hasta antes de sentarme en mi asiento, todo estaba bien. Incluso tenía curiosidad por saber que se siente ir en avión. Pero me senté e inmediatamente me entro un pánico, un terror, incontrolable. No lo puedo explicar.

-          Pues solo tú sabes que pudo ser. Lo que haya sido, te salvó la vida. No hubo sobrevivientes

-          ¿Crees que eso me hace sentir bien? No sé qué pasó. Pero el dictamen técnico del accidente deja muy claro que fue un fallo en la turbina, un defecto en los fierros que usan para el mantenimiento.

-          Pero estás de acuerdo que resulta muy extraño tu caso.

-          ¿Crees que no me pregunto cada día porque me pasó eso? ¿Por qué sigo vivo? ¿Para qué? No lo sé…

-          ¿Qué crees que pasó?

-          Creo que es una especie de sentido súper desarrollado, como cuando estas frente a un peligro, solo que éste me funciona a futuro. No lo sé. No encuentro otra explicación. ¿Para qué sigo vivo? ¿Por qué? No lo sé.

03 diciembre 2017

El trato



Hacía un tiempo que no lo veía. Sí, fue intenso el último encuentro.
Se había prometido que no se iba a involucrar. Por supuesto, todo debía quedar en el ámbito profesional. Ella era una profesional. Además, él no le había gustado de inicio. No era un hombre guapo.
Pero el trato, era muy bueno en el trato. La hacía sentir segura, deseada, hasta amada. Nunca hubo problema con la cuestión económica. Tenía un negocio que le daba lo suficiente y más. Le perecía curioso que no estuviera casado.
La primera vez que se conocieron, pensó que era casado y que su esposa no era para nada guapa; al contrario de ella, que era muy hermosa, un cuerpo delgado, definido por horas de gimnasio y una dieta personalizada. Después de todo, su cuerpo le daba el recurso necesario para vivir y mucho más.
Así que nunca cruzó por su cabeza el enredarse sentimentalmente. Mucho menos con el trabajo que ella realiza. Estaba acostumbrada a las peticiones de tener una relación más íntima. Le causaba gracia. Relaciones íntimas es lo que vendía. Más íntimas. Más personales ¿Cuál era la diferencia?
Ahora entendía la diferencia.
Después del primer encuentro, el cual fue como todos los subsecuentes, intenso. Parece que te tenían amarrado, le dijo esa vez. Él le sonrió y le dijo “realmente me encantas”. Eso es lo que le más le gustaba a ella, esa manera tan inocente y sincera de halagarla.
De verdad que le gustaba y se notaba en los encuentros sexuales que mantenían. Como toda pareja que se enamora, el amor llegó con la frecuencia del trato. Hubo una cena, luego otra, luego ir al teatro, al cine, un fin de semana.
Por su puesto, todo pagado. Era un intercambio de necesidades. Un acto de compra-venta. Hasta ese día.
Habían pasado dos meses desde su último encuentro. La frecuencia de sus salidas era de una vez cada semana, dos a lo mucho. Sus amigas hasta le hacían bromas de que ya lo aceptara como novio. 
Novio. Sonreía para sí de pensar en ser su novia.
Por supuesto que él sabía a lo que se dedicaba. Y nunca le propuso que fuera solo de él. Internamente, el orgullo de ella se sentía dolido por ese hecho. No es que ella quisiera ser su novia ¿o sí?
No lo pensó. Todo fue acción. Ese día, un poco triste por no haberlo visto en un mucho tiempo, decidió ir a comprar ropa, cambiar de peinado, ir por lencería (a él le encantaba que usara lencería) para sorprenderlo.
“Tengo mucho trabajo, chiquita, pero en cuanto me desocupe, nos vamos de fin de semana, a donde quieras. Incluso al extranjero, si te apetece…” Algo así le decía cada vez que le llamaba para preguntar porque ya no la veía.
Siempre le contesto el teléfono a la primera o segunda timbrada. Siempre mostrando un poco de pena y excitación en su voz. Claro que no la había olvidado, por supuesto que quería seguir viéndola. Eso la tranquilizó.
Casi siempre iba de compras con una o dos amigas. Pero esta vez no. Estaba nostálgica. No quería compañía de nadie. Bueno, solo quería la compañía de él. Y los vio. En la terraza del restaurante.
Estaban de lado hacia ella, por lo que no la vieron y ella los podía ver muy bien.
El análisis fue breve, conciso y exacto. No, no era competencia. Al menos no del negocio en el que ella estaba. Ciertamente se miraban enamorados, más ella que él. El trato, pensó, ese pinche buen trato de este cabrón…
Y todo fue acción. Por supuesto que se la iba a hacer de pedo[1].


[1] En México, hacerla de pedo es una expresión que se utiliza para indicar que uno va a realizar un reclamo, porque no está conforme con algo y puede ser el inicio de una discusión entre los involucrados

14 junio 2015

El Rey

Y cuando el Rey levantaba su copa para brindar, no había una sola persona que no lo hiciera también.
Por donde quiera que posara su mirada, veía brazos arriba. Incluso aunque no tuvieran vaso o copa. Brindaban con el Rey.

No era así hace un par de décadas.
“Por su puesto…” mediaba el Rey, pues hace un par de décadas, no era más que un mercenario, no el mejor, pero uno con cierta reputación.
En ese entonces, cuando brindaba, lo hacía solo; por lo general, tan ebrio que recibía burlas, golpes, robos, vejaciones y humillaciones. A veces todas juntas.
Brindaba para sí, por sus derrotas o sus victorias. Brindaba por la nueva mujer conquistada, por el reciente rompimiento sentimental. Claro, los reyes también quieren, también aman. Aunque en aquella época aún no era rey.
Ahora, el Rey, estaba seguro que incluso ahí donde su mirada no se posaba, había brazos levantados pues ¿Quién haría semejante descortesía?
El Rey meditabundo, intentaba averiguar cuál era la diferencia. La diferencia era que ahora era el rey.
“Pero sigo siendo el mismo…” se decía mientras con rostro adusto, con soberbia y mucho orgullo, pasaba su mirada de un lado a otro, viendo como le reverenciaban, como bajaban la cabeza, casi hasta el suelo, cuando miraba a uno y éste se daba cuenta.
“¿Cuál es la diferencia?” intentaba explicarse, dándose cuenta que uno de sus hijos, el que él designara, tomaría su lugar. Se daba cuenta que cualquiera de sus vástagos no era tan diferente de aquellos “nobles” que años atrás ni siquiera se dignaban en mirarlo.
No, el Rey debió tomar su reino por la fuerza. Así como tomó otras muchas cosas por la fuerza. Pero se daba cuenta que la fuerza no le podía dar la lealtad, el honor, el amor.
“Así que ¿Cuál es la diferencia?” Se decía mientras miraba a sus hijos, hombres mimados, mujeres indolentes, los cuales, despojándolos de sus títulos, no sobrevivirían en el mundo.
“¿A quién le dejaré mi reino?” Pensaba y no terminaba de convencerse. Ninguno de sus hijos valía la pena. Así pues, el Rey se sintió más solo que nunca. Más solo que las veces en las que brindaba para sí, ahogado en el alcohol.

02 junio 2015

Terror nocturno

Hace tiempo que no duermo… de noche… Ahora solo duermo de día. Ya no podía… mejor dicho, no debía dormir por la noche. Ellos son más fuertes por la noche. Asechan desde cada rincón oscuro de donde quiera que me encuentre.
 
La calle, mi habitación, el restaurante, el cine. No hay lugar donde pueda esconderme de ellos. Por eso no podía dormir. No debía dormir. Tanto tiempo estuve cansado, que me dormía de día. Así que decidí volverme nocturno.

Ahora ya descanso mejor, es decir, ahora ya descanso. Me he vuelto un habitante de la noche. Como ellos. Solo que yo no soy como ellos. No estoy seguro de lo que quieren de mí. Más bien no sé qué es lo que quieren de mí.
 
Mi alma inmortal me dicen los católicos, son los únicos que me han dado una especie de respuesta. Pero yo no soy creyente. No creo que sean demonios. Aunque tampoco sé que son. Ni siquiera sé cómo es que llegue a importarles. De otra manera ¿Para qué me asechan?
 
Al principio pensé que solo eran pesadillas. Sangre, mutilados, vejaciones, de gente que conozco, que aprecio, que quiero. Una vez soñé que violaba, una y otra vez a mi mejor amiga (o solía serlo). Sí, ella me gusta, pero no podría hacerle eso.
 
Unas voces me decían “ves que fácil es… vamos, inténtalo… toma lo que es tuyo…” Dejé de frecuentarla. Todos creyeron que por fin me había cansado de estar en la “friend zone” Ja. Sí supieran.
 
Una vez me confrontó “De verdad te quiero, pero no me prendes… ¿Quieres que lo intentemos?” Por fin mi sueño se había convertido en realidad. Sólo que estaba cimentada sobre una pesadilla. Una muy horrenda y mala pesadilla.
 
No. No quiero nada de ti. Es mejor que ya no te vea. Para ti y para mí es lo mejor. Creo que fue la primera y última vez que la hice llorar.
¿Cómo explicarle esos sueños/deseos/pesadillas?
 
Por supuesto que cuando la soñaba, me excitaba. Pero no es correcto. No puedo hacerle daño. No quiero hacerle daño. No a ella.
 
Busqué ayuda. Psicólogos y psiquiatras. Todos ellos con sus teorías, preguntado de mi vida pasada, que si mi papá, que si mi mamá, que deseos ocultos, que no ponga resistencia. Fantasías por deseos inconfesables. ¿Inconfesables? ¡Pero si les conté todo!
 
Al no encontrar respuesta en esos profesionales, busqué a los “siervos de Dios”. Ja. Son peores. Prejuicios. Que si estoy bautizado, que si profeso la religión, que cuando fue la última vez que me confesé. Sí, lo estoy, por gusto de mis padres. No, no me considero católico. Solamente una vez me he confesado, cuando hice la primera comunión, cuando era un niño.
 
“El diablo esta tras tu alma inmortal” Ah, sí ¿Y por qué? ¿Qué hice? “Hijo, eso es algo que solamente tú sabes” Ah… Ok…
 
Los sueños se volvieron más reales. Algo así. Las voces ahora las escuchaba estando despierto. Cuando fui con el psiquiatra me dijo que si las voces las escuchaba estando despierto. En ese momento, solo en sueños. Así que le dije que no, que solo cuando soñaba. Dijo que solamente era estrés y un cúmulo de deseos no expresados. Me receto sabe qué cosa, me cobro bastante bien, y me mando a casa.
 
Si ahora iba y le contaba que las voces ya ocurrían estando despierto, a lo mejor era lo que esperaba. Y no sé qué me esperaría a mí. Noté que en la noche era cuando sucedían los fenómenos. Voces primero, luego, en los rincones oscuros, miré ojos. O algo parecido a ojos. No eran ojos como de hombre o mujer.
 
Más bien eran un par de brazas rojas, como llama de velas, pero más puntuales, como chispazos, que no se apagaban, que se me figuraba me seguían con la mirada, si a ese par de cosas rojas les puedo calificar de ojos.
 
Pero no eran ojos, al menos no humanos. Una vez, saliendo de un bar, medio ebrio con algunos amigos, ellos también los vieron. En el momento, todos salimos corriendo.
 
Entre la adrenalina y el paso del susto y la sorpresa, comenzaron a reírse. “jajajaja, era un gato o un perro o ambos…” Pero eran ojos rojos “claro ¿Qué no has visto los ojos rojos de las fotografías? Sí, pero ¿Quién estaba tomando fotos? “Tranquilo, solo fue nuestra imaginación… y el alcohol en la sangre…”
 
Yo sabía que no era así. Después de muchas noches de mal dormir, de dormir en la escuela, en el trabajo, donde por fin podía dormir sin sobresaltos, me di cuenta. Sí, ¡En el día no me asechan!
 
Así que cambie de trabajo, de turno escolar. Ahora vivo de noche. Ja ja ja. Literal. Estudio y trabajo de noche. No está nada mal. Es un poco diferente. Aunque me siguen asechando, al menos ya estoy descansado y alerta.
 
Sigo sin saber que son esas cosas, que quieren de mí, ni siquiera sé que hacer para alejarlos. Por eso suelo estar acompañado. Y en lugares con luz. Sigo oyendo las voces, sigo viendo ojos rojos. Pero ya me acostumbre.
 
¿Alguien sabe qué son?
 
¿Alguien más le paso lo mismo o similar?
 
Necesito ayuda…

12 noviembre 2013

El precario equilibrio




"Y cuando el sol sea devorado por la oscuridad, ellos vendrán y regirán hasta el final de los tiempos. No lo olvides..."

22 octubre 2013

Por fin…

Comienzo a psicotizar. Eso creo. Sí. Comienzo a confundir tiempos y personas. Revuelvo conocidos de trabajo con los conocidos de mi vida personal. “Ah!, entonces tu y él no fuimos a la misma escuela…” “Oh!, disculpa, me parecía que habíamos trabajado en el mismo proyecto”. La decadencia de la mente. De mi mente. Te veo. Te vi. Y recordé ese vacío. Más bien lo sentí.

Frío y escueto como una sentencia de muerte. Ja, muerte, hablo de muerte, de pulsión destructiva. Y aquí sigo. Tal vez no por mucho, no como recuerdo (todavía) que soy. Veo tu sonrisa (las fotos no permiten escuchar) y te siento feliz. Siento que fue hace muchas vidas. Y no, no ha pasado tanto. Ni creo en otras vidas. Solo creo en esta. Hasta donde llegue en estado consciente.

Ahí el problema. Comienzo a psicotizar. ¿Cuántas veces lo deseé? Muchas. “Que se sentirá” me decía. Ahora que lo estoy viviendo es como estar febril. Estas y no estás. Sientes, pero como anestesiado. Es un sentir raro, único, indescriptible.
Tal vez me duerma y mañana ya no sepa donde estoy o peor aún, quien soy, quien era, de donde vengo y a donde iba. Quizá por eso es que no puedo dormir. ¿Miedo? Yo digo que no. No tengo miedo a dejar de ser quien soy. Tal vez sea el instinto de supervivencia que me hace temer. Porque ¿No es como morirse el dejar de ser quién uno solía ser?

Por eso dejo estos escritos, para recordarme quien solía ser. Y medir el cambio. Yo digo que será mejor. Espero. Ahora me falta encontrar el mecanismo para hacerme llegar este legado y poder compararme.
Aunque, si voy a dejar de ser quien soy, quizá también se acabe mi destructivo afán de pensar. A lo mejor ni siquiera me va a interesar saber quién era. Porque ¿No es eso la muerte? Aceptar el eterno olvido.

Memorias del futuro

11 agosto 2012

Yendo al trabajo

Resumen: recuerdos de mi vida, no vivida

-Amor, ya me voy. Como todas las mañanas, desde que vivimos juntos, me dedicas esa sonrisa, tan limpia, tan franca, tan tuya, que hace brillar mi mundo.
-Sí, ¿llegas tarde?
-Espero que no, los proyectos van bien y no creo tener que estar tiempo extra
-Bueno, porque queremos ir al cine
-¡Yo también! Al escuchar sobre ir al cine, nuestros hijos, él y ella, que se llevan dos años, se emocionan y me miran como lo más preciado que tienen el mundo
-¡Sí papi! ¡No llegues tarde!
Y pensar que no quería ser papá. Es algo tan, bueno, no es posible describirlo. Tiene que ser vivenciado. En realidad si quería, pero no con cualquiera, no reproducirme con cualquier mujer. Tu haz sido el perfecto crisol en el cual vertí lo mejor de mi. Eso creo. Me siento muy feliz. Tengo algo que nunca imaginé, con todo y que fueron verdaderas chingas, eso de dar la mamila, y el cambio de pañales ¡uagh! Pero no hay manera de no querer esto. No puedo imaginarme sin ustedes. Nací para vivir lo que estamos viviendo.
Son mi fortaleza y mi gran debilidad. Si alguien quisiera dañarme en serio, lo haría a través de ustedes. Por eso casi no hablo de ti, ni de nuestros hijos. No con los extraños, cuando menos. Por supuesto que me enorgullece. Más que eso. Mucho más.
Hoy, como todos los días desde que vivimos juntos, te levantas un poco antes que yo (cuando éramos novios no creí que fueras capaz de mantener una disciplina. Creo que la maternidad te la consolidó, eres, cuando lo necesitas, toda una espartana) y nos preparas el desayuno. Ahora es un desayuno verdaderamente sabroso. Al principio, cuando nada mas estábamos tú y yo, no era tan rico.
Pero siempre me lo he comido “Cualquier cosa que hagas con tus manitas, quemado, salado o de un sabor ‘diferente’, me lo comeré, porque lo importante es el gesto, es que lo hayas hecho con deseos de hacerlo bien, con ganas y con amor” solía decirte cuando te dabas cuenta que pues, no era algo agradable al paladar.
Afortunadamente nunca te diste por vencida. Y ahora tienes un toque verdaderamente rico. O tal vez ya me acostumbre. No lo creo, porque nuestros hijos son jueces implacables, y pocas veces los he escuchado quejarse. Y de lo que se quejan, se quejan todos los niños “!No quiero verduras¡”, así que tienes un buen toque en la cocina. Tu trabajo te ha costado.
Tomo mi saco y mientras me acomodas la corbata me dices:
-Ay ****, porque no te acomodas la corbata, no sabes que tienes que verte bien
-Tengo que hacer bien mi trabajo, si no soy stripper, como luzca es lo de menos
Y en ese tenor son nuestras charlas de despedida.
Me acerco a la puerta y nuestros hijos corren a darme el abrazo y el beso con la ternura y cariño que sólo los hijos pequeños saben dar. Ya crecerán y lo más probable es que me ignoren y me llamen por mi nombre. Pondré todo mi empeño en que nunca me llamen por mi nombre. Aceptaré todo lo demás, pero no que me llamen por mi nombre.
Mientras, siento fluir su cariño. No hay un día en que no sienta este estremecimiento electrizante, cuando me abrazan y me besan y me dicen que regrese pronto. Yo me pongo en cuclillas y los abrazo, ella a mi diestra, él a mi siniestra.
-Órale, a lavarse los dientes
-Sí mami
Me pongo de pie, agarro mi maletín. Para mí era más cómoda la mochila, pero  la mochila es para estudiantes, no para el puesto que desempeño, así que me regalaste ese costoso maletín de vanidosa marca. Sí me gusta, pero sigo pensando que no es mi estilo.
Hoy, como todas las mañanas, ya estas arreglada para el trabajo. Nunca he dejado de verte como si fuera la primera vez. A veces te pones pantalones, a veces, las menos, faldas o vestidos. Yo prefiero las faldas y vestidos. Pero siempre te ves hermosa. Me siento tan vivo cuando pienso que eres mi mujer, que me quieres, que me amas, que vives conmigo.
Hoy traes vestido, blanco con cositas en rojo. Por supuesto que me enamoré de tu figura: senos turgentes, mas grandes que la media mexicana, caderas anchas (por más que quieras tener menos, no es tu constitución, ¡Y que bueno!), breve cintura, piel blanca, y aunque no eres rubia, insistes en serlo. A pesar de la maternidad no has perdido tu figura. En parte es tu negación a la gordura, que te hace ser asidua del gimnasio. No sé de donde sacas tanta energía. Pero yo feliz.
Ya te he explicado que dada tu constitución, eventualmente no podrás evitar ese extra en carnes. Pero te niegas a aceptarlo. Por mi parte no me importaría mucho que tengas kilitos de más. Me gustas y tenemos en común mucho más que el simple, llano y rico sexo. Mucho más.
Por lo pronto tengo un esposa, la que, además de buena (jajajaja, no me canso de verte enfadar cada vez que te digo que estas buena) es hermosa. Tu carita, afilada, como de zorrito (“zorrita, tu abuela”), afilada pues, va enmarcada por dos enormes ojos y una nariz muy delgada y finita. Muchas veces pensé que era operada. Tú siempre lo negaste.
Ahora, que he tenido tanto tiempo cerca tu cara, puedo confirmar que no es operada. No creo que exista un cirujano en este mundo capaz de hacer una nariz como la tuya. Es en verdad muy delgada y finita. Solo puede salir así de fábrica. Con respecto a tus ojos, te he dicho que para que fueras mi mujer ideal, tendrían que ser verdes o azules o cualquier color, menos cafés.
El color café es muy común por estas latitudes, pero los tuyos tienen una claridad que los hace tan a la altura de los de cualquier otro color. Así están bien.
Así que tengo una diosa como esposa. Algo hice bien, que tengo esta hermosa y complicada familia. 

Nuestros hijos, curiosos e inteligentes, me ponen en apuros cada vez más. Sus preguntas van avanzando en cuanto al nivel de complejidad y moralidad. Algún día tendremos que hablarles de sexo, de la vida, de la muerte, de la violencia, de la injusticia.
Pero lo haremos juntos. Tu les darás la visión rosa, yo la visión, mmm, pues la visión más acorde a mi intrínseca oscuridad. De esta manera tendrán una visión completa de lo que es la vida, de lo que creemos que es la vida. Hasta en eso eres perfecta para mí.
Ya estoy en la puerta, casi para irme, cuando, como todos los días, te acercas, te pones de puntitas (no soy muy alto, pero tú sí muy chaparrita), me cercas el cuello con tus largos, blanquecinos y suavísimos brazos, me plantas un beso en la boca, haces que gire la cabeza, para que puedas susurrarme al oído:
-¡Donde andes de cabrón!
No podría ser más feliz.

25 abril 2012

El creyente

I

-Narciso es de lo mejores –le dijo el padre Abraham al padre Josué-
-Sí, lo reconozco. Pero tú quieres que le enviemos el caso porque es ateo
-Es nihilista, agnóstico, izquierdoso, según se auto describe
-Ah sí, claro. No es que no crea en dios. Más bien no le importa su existencia. ¡Narciso, su nombre es de lo más adecuado!
-Pero es muy bueno, mucho

II

-Juan, ¿Con quién estas? –Juan tenía la mirada perdida, vidriosa, viendo sin ver. Se notaba cansado, marchito. Pero Juan apenas rondaba los 16 años-
Juan no respondía a las preguntas de Narciso. Él, con la paciencia de los años de tratar a tanto paciente, no cejaba en sus esfuerzos.
-Don Julio, doña Meche, me parece que el caso de su hijo debe continuar con el psiquiatra, no conmigo. Estoy de acuerdo con el diagnostico. Tiene esquizofrenia.
-¿Eso se quita? –Preguntó una angustiada doña Meche-
-Se trata con medicamento. Dependiendo de la evolución, puede llegar a tener una vida común, ya sabe, trabajar, tener pareja. Pero todo depende del tratamiento y del grado de su enfermedad. Es común que surja en esta etapa de su desarrollo
Don Julio y doña Meche salieron del consultorio, para tramitar la salida de su hijo. Mientras tanto, Narciso llenaba la hoja de anotaciones, para el expediente médico.
-Narciso. Narciso… tú sabes… -Narciso, sin inmutarse, continúo escribiendo su reporte. Aunque la voz era la de un adolescente, se escuchaba tan herrumbrosa, etérea, lejana, que le causo cierta impresión-
-¿Qué es lo que sé, Juan? –Le respondió Narciso, sin ponerle mucha atención en realidad-
-Tú sabes. Lo has visto. O bueno, lo escuchas casi a diario –Repentinamente, Juan se volvió poderoso, lleno de vida, se irguió como una cobra a punto de atacar. Sus ojos, aún vidriosos, ahora se veían con una luz antinatural-
Narciso se sorprendió. Sintió ¿miedo?
-Sí Narciso, aquí estamos. Lo sabes. Te lo cuentan día con día. Y no te importa. Que el papá los golpeaba con cinturón hasta dejar marcas, que su hermano la violó, que su madre nunca le dio una muestra de amor, que su hijo intentó matarla. Tienes las evidencias ¿y qué haces con ellas? Las guardas, haces tus reportes de evaluación, las comentas con tus colegas “Que impresionante” dices. Todo te impresiona. Desde hace 15 años.
Narciso no atinaba que hacer.
-¿Quién eres?
-Más bien deberías preguntar ¿Qué soy? Lo veo, ¡Sí! Eres un creyente. Eso es lo que te da fuerzas para continuar con tu labor. ¡Valiente labor! Escuchar y escuchar. Formulas historias de lo que pudo ser. Te dicen “gracias doctor, me siento mucho mejor”. Pero cada día te duermes pensando si realmente les ayudas.
Narciso, armándose de valor, intentando ser lógico, objetivo, poniendo ante todo su larga labor como profesional del área de la salud mental, le dijo:
-Juan ¿Por qué me dices todo esto? ¿De qué estás hablando? ¿Quién eres?
-Soy el padre que golpea al hijo hasta matarlo. Soy el hermano que viola a su hermana. Soy el marido que maltrata a su familia. Soy la madre que no quiere a su hijo. Soy todo lo que has escuchado los últimos años de tu vida. Soy la razón de lo que eres. Soy aquello que no puedes controlar, ni evitar, ni erradicar. Soy tu amo.
-…
-Doctor, ya tenemos el pase de salida –Escucho la trémula voz de don Julio, a la vez que volteaba a ver a un nuevamente diezmado Juan, un guiñapo, apenas una marioneta de carne y hueso-
-Don Julio, doña Meche, quiero hablar con ustedes…

III

El impecable traje oscuro del director del centro de salud, contrastaba con la miríada de batas y vestidos blancos, de enfermeras, médicos, paramédicos y demás personal del hospital.
-Así que básicamente quieres que se le haga un exorcismo al paciente…
-Carajo Sotelo, ya te di mi justificación. Pero te lo explico brevemente. El paciente cree estar poseído. ¿O tú crees que en verdad esta poseído? No ¿verdad? Es un acto simbólico. Parafernalia. Básicamente es lo que venden los psíquicos, los que leen las cartas, los brujos y demás fauna pseudo profesional. Si cree estar poseído, hagámosle creer que va a ser exorcizado. En el informe-reporte que te envié, está el detalle y justificación de mi caso. No estoy diciendo que todos los casos se van a tratar así. Pero este se acomoda de maravilla. Sotelo, no soy un charlatán, tengo estudios de posgrado en el área clínica. ¡Soy tu jefe del servicio de psicología clínica!
Sotelo lo miraba con ese aire de superioridad y conformismo. Después de todo el era el jefe. Además, ya se imaginaba los encabezados de los periódicos ¡No! Mejor aún, el encabezado en la televisión “Se realiza un exorcismo en el hospital regional de alta especialidad Lic. Juan Pérez”.
-Mira, lo que me preocupa es la salud del paciente –La mirada y mueca que no pudo contener Narciso dijo “sí, como no”, a lo que su jefe no le importó-
-No quiero que esos padrecitos lo maten en mi hospital
-Ya te dije que esto no es como la película que refieres. El paciente no está sin comer, esta sedado y yo voy a estar presente durante todo el procedimiento
Sotelo asintió más para sí que para Narciso. Daba su aprobación. Y mientras se alejaba para su oficina, no deja de pensar en la cantidad de propaganda gratis que iba a obtener.

IV

-Dicas mihi quod est nomen tuum –le dijo el sacerdote a Juan, que en latín significa “dime cuál es tu nombre”-
-No te lo diré
Mientras tanto, Narciso observaba la elaboración del rito. Les pidió a sus amigos sacerdotes que no quería escuchar lo que dijeran. Ellos le dijeron que no se preocupara, que toda la labor la harían en latín, lengua que Narciso no conocía-
-Narciso, no seas cobarde. Sal ¡Enfréntame! ¿No quieres saber quién soy?
-Escucha, Narciso. Somos muchos. Somos legión. No pueden detenernos. Este mundo es nuestro y ustedes nuestros esclavos. ¿Recuerdas el llanto de la niña violentada a su corta edad? ¿Recuerdas que casi lograban demostrar que lo había inventado? ¡Ah! Pero tú, Narciso, si le creíste. Y pudiste obtener la verdad del padre de esa mugrosa. Pero no pudiste hacer nada para evitar su muerte. ¡Sí! Recuerdas, se suicidó. ¡Fallaste!
-No lo escuches, Narciso. Te aseguro que Dios está contigo. Él –le dijo el padre Abraham, mientras se dirigía a Juan- está acorralado, no puede seguir en ese cuerpo. Por eso te ataca de esta manera
Narciso recordaba ese evento triste de su experiencia como psicólogo. La niña, una bella adolescente, terminó sus días tomando veneno. “Lo siento Narciso, me ayudaste mucho. De verdad. Disfrute de algunos días, pero ya no puedo. Lo siento. De verdad. Estaré mejor. Y si puedo, te ayudaré desde donde este. Te lo prometo” fue la breve nota dejada a su nombre.
-Escucha Narciso, mi nombre es “…” –Pero Narciso no escuchó. El recuerdo de Violeta, la niña adolescente suicida, lo hizo llorar amargamente. Sus ojos se anegaron en una cortina de lágrimas y sus oídos escucharon una y otra vez la palabra “gracias, muchas gracias, Narciso” en voz de la pequeña Violeta-

V

Narciso llegó a su casa, con más pesar que el acostumbrado.
-Amor, ¿Quieres cenar? -Le preguntó su esposa. Ella, acostumbrada al trabajo de su esposo, se esmeraba por hacerle mejor la vida. Después de todo, lo amaba con locura-
Narciso no dijo nada, sólo se acercó a su amadísima mujer, la estrecho entre sus brazos y lloró largamente en su regazo.
-Amor, soy un creyente, ahora lo sé con certeza –Le dijo después de un buen rato-
-¿Creyente? Por fin te convencieron tus amigos los sacerdotes
-No, me lo dijo el enemigo

15 abril 2012

Desesperación


El Fergo regresaba a su casa, después de terminar con su trabajo. Fergo viaja mucho por carreteras y prefiere las que no son de cuota “es que me gusta mucho ver los paisajes y además, me ahorro una lana”.
Así que este viaje era uno más. Poco después de dejar la última población, antes de internarse un una carretera que le toma unos 30 km de camino para llegar a la otra población, Fergo iba pensando. Últimamente es lo que hacía, pensar y pensar.

Por eso no notó que la camioneta que estaba estacionada, unos 800 m más adelante, no estaba estacionada. Más bien parecía como si se hubiera salido del camino. Al acercarse más, notó además, la presencia de cuatro hombres que rodeaban la camioneta.

-¿Qué están haciendo? -Se preguntó-

Y entonces ocurrió todo como en cámara lenta. Al menos eso le pareció, porque en realidad fue cuestión de segundos. Fergo comenzó a escuchar una serie de fuertes sonidos, cadenciosos, como si golpearan un tambo de metal.

-No, no como si golpearan, más bien como si tronaran un cohete dentro de él -Corrigió-

-Pam pam pam pam pam pam pam pam…

Ese sonido ya lo había escuchado antes, cuando  hizo el servicio militar.

-Que mala puntería tienes, antigüedad –Le comentó el sargento instructor, luego de realizar los primeros disparos de su vida, con una carabina 7 62, pieza digna de un museo, pues se ocuparon durante la primer guerra mundial-

Fergo recordó que el sonido, si bien no le molestaba, acústicamente hablando, le pareció un sonido sordo y raso. Lo que le impresionó fue la fuerza del disparo.

-Segurito que si le doy a un cristiano, lo mato –Comentó para sí en esa ocasión-

El retumbe era fuerte, corto y seguido. Sus oídos se taparon, como si estuviera bajo el agua. Sumió el pedal del freno y sus llantas rechinaron. No bien se detuvo, cuando entendió que es lo que estaba pasando.

Cuatro sicarios vaciaban sus armas en una camioneta pick up blanca. Dos a cada lado, disparando en diagonal, hacia el motor.

-Claro, si disparan a los lados, se pueden dar unos a otros –Pensó y se sorprendió este pensamiento-

También notó que salía “fuego” de las manos de los sicarios. En realidad los fogonazos salían   de las armas, como si estuvieran explotando unas grandes chinampinas. Pero Fergo supo que no eran chinampinas.

A continuación, la calma total, los hombres bajaron las armas y uno de ellos habló. O eso pensó, porque traían capuchas y no se podían ver los labios. Pero a Fergo le pareció que uno de ellos habló, porque como que movía la cabeza y dos de los matones, que están a los costados, llevaron sus manos hacia la cintura. 

Para esto, los cuatro hombres habían “aventado” sus armas a la espalda, como traen arneses, supuso que era para que maniobraran, es decir, para tener las manos libres.
Y comenzó nuevamente el ruido seco, monótono, pero un poco menos fuerte. Los dos sicarios abrieron las piernas en forma de compás, extendieron sus brazos, uno apuntando hacia la camioneta, el otro en sentido opuesto.

-Parecen una “X” –Y nuevamente se sorprendió por su diálogo interno-

Por alguna razón, Fergo pensó que en los extremos de la mano de cada sicario que apuntaba hacia la camioneta, eran unos cachorros rottweiler, negros, gordos y muy agresivos. Pero en lugar de ladrar, salía el seco “Pam pam pam” y en lugar de escupir saliva, escupían lenguas de fuego.

-Es el remate –Y por fin estuvo conforme con su pensamiento, era coherente con lo que estaba viviendo-

Nuevamente el silencio. Hasta que, como si se tratara de una sola persona, los cuatro sicarios dirigieron su mirada hacia Fergo. Se le secó la boca y comenzó a zumbarle el oído derecho.
Uno de los sicarios, como que le dijo algo a los otros tres, porque comenzó a caminar hacia el automóvil de Fergo, desenfundando su pistola, mientras que los otros tres tomaron posición, apuntando con sus armas largas.

Fergo no sabía qué hacer. No pensaba en algo, no pensaba en moverse, gritar, o algo. Tal vez era simple y sencillamente que estaba cagado de miedo. Sólo atinó a apretar con fuerza el volante. El sicario se colocó a un costado del auto de Fergo, del lado de conductor, y sin dejar de apuntar, toco con el cañón de la pistola, la ventanilla de Fergo, para que la bajara.

-¡Mátame! ¡Anda, dispara! –Le gritó Fergo, en cuanto bajo la ventanilla, con desesperación y un tono imperante-

El sicario enfundó el arma, le hizo unas señas a sus secuaces, los cuales relajaron la posición, se quitó el pasamontañas y se dirigió a Fergo. Fergo pudo ver el rostro adusto, duro, carente de emociones, curtido como el de un campesino. Pero definitivamente no era un campesino. Tal vez lo fue en algún momento de su vida, pero no ahora.

El sicario hizo una mueca, queriendo esbozar una sonrisa y le dijo:

-No amigo, no cumplo caprichitos pendejos

Y se fue. Los sicarios se subieron a un vehículo que se encontraba más adelante y emprendieron la marcha.
Fercho rompió en llanto. Primero un tímido y leve sollozo, que terminó convirtiéndose en un largo y amargo llanto.

-¿Por qué chingados no? –Se repetía una y otra vez-

Después de unos minutos, media hora tal vez, Fergo se calmó. Soltó el volante, se limpio las lágrimas secas, prendió su auto y maniobró para esquivar la camioneta balaceada y así tomar camino nuevamente.

-Que Dios los tenga en su santa gloria –Dijo en voz alta, al pasar a un lado de la pick up, mientras se santiguaba y murmuraba una breve oración-

La carretera continuaba en recta, hasta unos 900 o 1000 m, para pasar a una serie de curvas en depresión. Mientras entraba a la primera de ellas, escucho el agudo ulular de las sirenas de los servicios de emergencia. O tal vez de la policía. Miró por el retrovisor, antes de hundirse en la depresión con curvas, notó el flash rojo y azul, característico de las patrullas, y continúo su camino.

13 marzo 2012

La simbiosis amorosa

Esta vez les dejo un cuento. Otro más. Es el más largo que he escrito. Espero lo puedan leer todo y me den sus comentarios. Debo decir que a mi francamente me gustó mucho. Supongo que eso debe ser suficiente. Dedicado para VVO. Sin más.

-¡No puede ser! -dijo la rosa más hermosa del jardín

- Que pasa hermana, ¿Por qué razón gritas como si te estuvieran arrancando de la tierra? –le contestó su hermana, la situada a la derecha

- ¡Algo está creciendo dentro de mí!

-Ah, sí, eso está bien, somos unas rosas muy prolíficas –Terció la más alejada de la más hermosa, con un dejo de picardía en su afirmación

-¡No, no entiendes!, algo está creciendo y no es una de nosotras. Es otra cosa, lo puedo sentir

-Mmm, eso no puede ser. El guardián nos cuida y provee con sumo esmero. Nos quita los parásitos, ya sean insectos u otro tipo de plantas –le reviró su hermana de la derecha

-Tal vez no se ha dado cuenta, porque este engendro que siento, no ha mostrado su tallo –dijo la más hermosa

-Bueno, entonces esperemos a que el infame muestre su rostro. Tarde o temprano tiene que salir de la tierra y entonces el guardián hará su trabajo. No te preocupes más –Finalizó la hermana de la derecha
El tiempo pasó y el horror salió de la tierra.

-¡Miren, ¿Pero que tenemos aquí?! –Habló para sí, el abuelo, que con esmero podaba y daba forma a su jardín, removiendo la tierra de sus plantas, entre ellas sus amorosas rosas, pero también había un durazno, un gran fresno, un viejo nopal, un granado y varios tipos de plantas más

-¡Al fin se ha dado cuenta! –Exclamó la más hermosa, satisfecha y con mucho paroxismo- Adiós ingente parásito

Pero no. No ocurrió lo que esperaba la rosa más hermosa. Ocurrió que en lugar de ser expoliado del parásito, el guardián (así es como ellas conocían y reconocían al abuelo) removió con más esmero y cuidado la tierra de su rosa más hermosa y puso un poco más de nutrientes e hizo una cerca un poco más alta, alrededor de ella

-Veamos que pasa –pensó para sí el abuelo

-¡No guardián! ¡El parásito sigue ahí! ¡Llévatelo! –Imploró la más hermosa

Pero el abuelo continuó con su labor, con las otras plantas, no sin antes regar un poco más a su rosa, la más hermosa

-¿Qué pasa, hermana, porque tanto acongojo? –preguntó la hermana rosa de la izquierda

-¿Es que no viste hermana? El guardián no solo no se llevó al parásito, al parecer acomodó más la tierra y la nutrió con un poco más de lo normal. ¡Es como si quisiera alimentarlo! –reviró a su hermana, la que hizo la pregunta, con cierta desesperación
-Pues el guardián sabe lo que hace. ¿O es que alguna vez te ha dañado a propósito? ¿Te ha dejado sin alimento, sin cuidado? No, ¿Verdad?, hasta ahora solo hemos recibido cariño y cuidados amorosos. Así que confía. ¿O es que sientes dolor?  -dijo la rosa de la derecha

-No, dolor no tengo. ¡Pero muero de angustia!

-Ay hermana, tú siempre tan dramática

Y el tiempo siguió pasando. Y el horror germinó y creció. El abuelo, contento con el resultado, cuidaba con esmero, tanto a su rosa hermosa, como al engendro.

-Bien, veamos. ¡Qué bien! Vas creciendo y tu, mi querida rosita, no has recibido daño alguno ¿O sí?

-No, guardián. Pero llévate a este ente infernal. ¡Por favor!

Pero es de todos sabido que humanos y cualquier otro tipo de ser de este mundo no pueden comunicarse. Al menos no de manera directa. A veces ni entre humanos pueden comunicarse directa y abiertamente. Mucho menos entre distintos tipos de seres.

Así que los ruegos de la rosa hermosa, no fueron escuchados por el abuelo, el cual siguió cuidando de su jardín, moviendo la tierra, colocando las piedras de tal manera que luciera un escenario más estético, regando con el agua suficiente a cada una de sus plantas.

Y el ente, que comenzó a tener consciencia sí, se llenaba de tribulaciones.

-¿Por qué, la más hermosa, quiere mi extinción? ¿A caso la he dañado? ¿Sufre por mi existencia? Si el guardián la quiere tanto, que le cuida con mucho esmero, incluso le prodiga más tiempo que las otras, no me ha extirpado de su seno ¿No es indicativo de que no soy malo, malo para ella? –se atormentaba para sí, día y noche, desde que comenzó a entender las palabras del guardián y de las demás plantas.

Pero el ente, no hablaba con nadie. Es más, todo el mundo (para las plantas, el jardín es el mundo, su mundo) pensaba que en verdad era un ente muy raro. Casi todo el mundo. Hasta que el arcano, el ser más viejo (y suponían por ello, el más sabio), el matusalén de ese mundo, que conocían como Elder, el nopal, de tronco casi tan grueso como el fresno y casi de la misma materia ruda, gruesa y fuerte del mencionado árbol, o eso pensaban todos, habló.

-Ya dejen en paz al joven Limonero –Y volvió a sumirse en su letargo. Lo cierto es que el nopal era la planta más vieja del jardín. Elder vio crecer a todas las plantas y ha visto morir a muchas otras, del jardín. Incluso ha visto y ha sido cuidado por otros guardianes.

-Sí, el guardián de ahora no ha sido siempre el mismo –Comentó en una ocasión

Porque resulta que Elder, el nopal, casi no habla. Ni se mete con alguien. Le gusta estar así, callado. Los más jóvenes del jardín, al inicio, lo confunden con una piedra.

-¡Piedra la raíz más profunda de tu familia! –les revira, cada que los escucha y tiene ganas de contestarles, para inmediatamente volverse a sumir en su profundo sueño

-Efectivamente, yo no soy el ser más antiguo de este mundo –afirmaba el fresno- Cuando tuve consciencia de mí, Elder, el nopal, ya estaba así de viejo y arrugado. Al principio pensé que yo era también un nopal y me sentía mal, porque no quería terminar así de arrugado y enojón como Elder.
Pero crecí, y crecí y seguí creciendo. Ahora sé que no soy como Elder. Somos distintos. Y también ahora sé que Elder tiene muchos motivos para ser como es. Este mundo no tiene idea del gran regalo que tenemos por tenerlo aquí, con nosotros. El sabe cosas, tantas que ni yo mismo las he escuchado todas.

-Así que eres un limonero. Pues has de ser un limonero muy estúpido –dijo para todos, la más hermosa

-Porque dices eso, hermana

-Porque no dice nada. Está ahí nada más, como Elder

-¿Y qué quieres que te diga, si desde que te comencé a entender sólo has deseado mi desaparición? –habló y tomó a todos por sorpresa, el joven limonero. A todos, pero sobre todo a la más hermosa, que no supo qué hacer. No sabía si estaba enojada o indignada o que sentimiento tenía

-¡Así que el engendro habla! –es lo único que atino decir

-¡No soy un engendro! ¡Rosa mala! –contestó el limonero, con más indignación que otra cosa

Y de esta manera continuo la vida en el jardín. La más hermosa atacando al limonero, el cual día con día, crecía y crecía. Y le salieron más ramas, con espinas. Y era todo verde. Y más alto que la más hermosa.

-Pues sí, tendrás espinas como yo. Pero no le das nada al guardián. Mis hermanas y yo, le prodigamos hermosura y vista a su mundo. Y cuando corta nuestras corolas, nos sentimos orgullosas pues lleva nuestra hermosura a más allá del mundo –atacaba un día la más hermosa al limonero

-Sólo eso tienen, estúpida rosa, belleza nada más. ¿Y a que costo?, pues para poder cortar una de tus flores, se tiene que hacer con cuidado, pues tus espinas son agudas y dañan con facilidad a aquellos que no saben de ti. Sólo para agradar a la vista. ¡Qué inutilidad la tuya! –se defendió el limonero

-¿Hablas de utilidad? ¿Y qué me dices de la tuya? Tus espinas son tan o más dañinas que las mías. Y tú unicolor, todo verde. Espinas verdes, tallos verdes, hojas verdes ¿Cuántas veces ha cortado el guardián una rama de ti, para embellecer más allá del mundo? ¿Qué le das al guardián a cambio de los esmeros que te prodiga? ¿Cuál es tu utilidad? –dijo con saña inaudita nunca antes utilizada

Y el limonero no dijo palabra alguna. No podía ¿Qué alegar en contra de lo dicho por la más hermosa? ¿Cuál era la razón de su existir? Además, la más hermosa tenía razón; la más hermosa y sus hermanas llenaban de colorido al mundo, tanto en vista como en olor. Era todo un espectáculo ver como coronaban sus corolas, abriéndose en indescriptible espectáculo. Y el olor, era la fragancia más exquisita que había conocido el limonero.

Bien que sabía de todo esto el limonero, pues al estar al lado de la más hermosa, lo situaba en el sitio perfecto para ver, admirar y sentir a detalle todos esos prodigios. ¡La más hermosa tenía razón¡ Y algo que ni el mismo limonero sabía, era que él, estaba profundamente enamorado de la más hermosa. Era por eso que las hirientes palabras de la más hermosa calaban en lo más profundo de su ser, pues eran pronunciadas por lo más querido del limonero.

-Sí, tienes razón rosa zafia. ¿Pero dime que meritos hiciste para ser lo que eres? Tu belleza es un mero accidente, producto del azar. Si tu belleza fuera proporcional a tus pensamientos, serías una poetisa. Pero en lugar de ello, dices y hieres, que en lugar de rosa, serías menos que esas hoscas mala hierba

-Órale, ¡sin ofender! –dijeron al unisonó las hierbas malas, que no han de ser tan malas, porque crecen y crecen, nunca se acaban

Y calló el limonero. Curiosamente la rosa hermosa tampoco contestó a esto último. Pues la rosa, además de hermosa, era inteligente. Y sabía que lo que decía el limonero tenía sentido. Que sus portentos le fueron otorgados sin más. Algunas veces pensaba que sería de ella si no fuera tan hermosa.

-Igual me cuidaría el guardián, como lo hace con mis hermanas –se contestaba al instante
Después de esa acre discusión, la rosa hermosa y el limonero no se hablaron más. Sin embargo, estaban unidos físicamente, pues compartían la misma tierra y los mismos cuidados del abuelo, que ya trataba por igual a la más hermosa y al joven limonero.

-¡Que regalo más hermoso! –expresó para sí el abuelo, al admirar la unión de la rosa y el limonero- no pensé que pudieran convivir

-¿Pero qué insensateces dices guardián? ¡No convivimos! –dijo la más hermosa

-Se refiere a que los dos crecemos sin problema alguno, ni tú me quitas alimento, ni yo te lo quito –dijo de refilón el limonero-aunque entiendo tu punto, no convivimos.

-Ash –puntualizó la más hermosa, con fines de terminar la incipiente charla con el limonero

-Ay guardián, si al menos me pusieras una casita, porque este calor insoportable me sofoca –dijo para sí, la rosa hermosa

-Hermana, hermana, tan quejosa como siempre –le contestó la rosa de la izquierda

Y limonero, hizo todo lo posible por que sus ramas, cada vez más abundantes y tupidas de espinas y hojas, cubrieran de los rayos del sol a la más hermosa.

-Por lo menos tú tienes al limonero, que algo de sombra te proporciona –dijo la rosa de la derecha

-No porque yo quiera, son mis ramas y no controlo su crecimiento –terció el limonero, a modo de explicación no solicitada

-Sí, bárbaro, si por ti fuera, harías que me extirparan de la tierra –contestó la más hermosa

-¡No es verdad! –dijo entre consternado e indignado el limonero

Y la rosa vislumbró un destello de ¿preocupación, cariño, cuidado? en las palabras del limonero.

-¡Que imaginación la mía! –pensó para sus adentros

Así pasaron muchos días. El limonero cada vez más verde y robusto, lleno de ramas y hojas, acurrucando a la rosa hermosa, protegiéndola del sol y del viento. Y la rosa, floreciendo y floreciendo, llenando su rededor de un sutil aroma, se multiplicaba bajo la custodia del limonero. En algún momento, la rosa, que no era tonta, se dio cuenta de la ventaja de tener al limonero como compañero. Sus ramas (del limonero), llenas de espinas como las propias (de la rosa), en la práctica eran una extensión de sí misma, pues protegían tanto al limonero como la propia rosa.

Y al ser más alto y fornido (tronco y ramas), hacían un techo perfecto, pues dejaban pasar la cantidad de sol necesaria para su florecimiento, y también el aire y el agua de lluvia. La rosa se dio cuenta que en realidad se sentía a gusto con el limonero. ¡Ah, pero su tonto orgullo no la dejaba concientizar estos hechos¡

Una noche, de luna llena, que alumbraba al jardín como si al sol le hubieran puesto una malla lechosa, pero sin el potente calor acostumbrado del día, pasó que el limonero, triste por su amor no declarado y menos correspondido, pensaba en voz baja, para no interrumpir el sueño de su amada.

-¿Por qué el guardián me cuida con tanto esmero? No doy fruta alguna, y no sirvo para dar sombra, como el fresno, pues mis ramas son hirientes y nada confortables a los demás ¿Oh guardián, habrías mejor de cortar mis raíces, sacarme de esta tierra y dejar que pase al olvido?

Pero aunque la rosa no escuchaba, por estar dormida, el viejo nopal, Elder, sí que lo hacía.

-¡Ah joven limonero!, tu tiempo esta próximo. No desesperes, como todos, tienes una razón de ser.
Verás pronto porque de los cuidados prodigados hacia ti por el guardián. No es tonto, ningún guardián lo es. En su especie, los guardianes son los más sabios. Ellos son los nopal de su mundo. Son viejos y experimentados. Aunque te contaré un secreto. ¡Yo soy aún más viejo que el más viejo de ellos! Esto no siempre es bueno, porque ya no tengo mucha paciencia con los demás. ¡Son tontos e impulsivos!

-Pero tú, mi joven plantita, todavía no conoces la razón de tu existir. A veces ni yo mismo sé la razón de mi existir. En algún tiempo di frutos. Tunas, así las conocen los de la especie del guardián. Y también mis pencas. Ah sí, joven limonero, mis pencas no siempre fueron correosas y fibrosas como ahora. Bueno, siempre han sido fibrosas. Pero ahora ya estoy muy viejo y ya no sirvo para comer. Y sin embargo, el guardián y los guardianes antes que el actual, me siguen cuidando. Creo que el simple hecho de ser tan viejo es motivo suficiente para que me sigan cuidando. No lo sé, pero se los agradezco.

-Ante mí han pasado muchos guardianes, cada uno con sus maneras propias. Algunos con menos paciencia que otros, pero todos tienen en común el tenernos siempre con vida. Así que cree en lo que te digo. Tu tiempo esta próximo. ¿Qué como lo sé? Porque soy viejo y eso me hace saber cosas que ni te puedes imaginar.

-Por ejemplo, nuestro mundo, no es el único. Ni el más vasto, por cierto. Nuestro mundo, en el mundo del guardián se conoce como jardín. Y hay muchos jardines. Así es, hay muchos otros guardianes en los muchos otros mundos. Y la rosa engreída esa, que tienes por amor (ja ja ja, no te desgaste en negarlo), puede que sea las más hermosa de este mundo. Pero hay muchos otros mundos donde puede que no lo sea. Es más, te lo afirmo, en algún otro mundo hay una rosa que es más hermosa que la más hermosa de este mundo.

-¿Qué quieres decir con eso de que mi tiempo esta próximo? –le pregunto el limonero al nopal

-Quiero decir que pronto darás tus frutos –le contestó un tanto exasperado el nopal

-¿Yo doy frutos? ¡Y son coloridos! ¡Y aromáticos! ¡Y florecen como las rosas!

-A ver ya, tranquilo. Sí, das frutos. Pues no, son verdes, como todo tu. ¿Aromáticos? Sí, pero no del tipo dulzón como las rosas. Y también tienes flores, pero son blancas y sus pétalos no son como los de las rosas. Azahar los llama el guardián. Has de saber que no eres el primer limonero que nace por aquí. Antes que tu, hubo otro. No creo que seas su descendiente, porque ha pasado mucho tiempo entre tu llegada y la extinción del anterior.

-¿Para qué sirve el azahar? Hasta donde sé, los de la especie del guardián hacen una infusión que la nombran té. Mezclan agua con tus flores y al parecer son altamente estimadas. ¿Qué preguntas haces? No lo sé, nunca he tomado té, ni creo que alguna vez lo haga. No, esas son costumbres de la especie del guardián.

-¿Entonces daré fruto y tendré flores? –preguntó con gran excitación, ánimo y esperanza el limonero

- Sí. Ahora confía y déjame dormir. Si quieres seguir quejándote, hazlo sin hablar. –tras lo cual, Elder volvió a su letargo

-¡Abuelito, abuelito, yo quiero esa cosa verde! ¿Qué es? –pregunta la nieta al abuelo

-¿Cómo que qué es? es un limón, ¿no los conoces? –le contestó el abuelo

-¿Un limón, como el del agua? Pero si esos vienen en sobres –le contesto extrañada la nieta

-¡Que sobres ni que ocho cuartos!, a ver niña ¿de dónde viene la lecha? –preguntó el abuelo un tanto consternado

-Que preguntas haces abuelito, pues de la caja de leche –contestó con suficiencia la nieta

-Sabes lo que es una vaca

-Sí, es el animalito que sale en la caja de leche

-Y porque crees que sale en la caja de leche

-Mmm, pues porque es un bonito animal

-Ay niña, mira ven acá. Esa cosa verde, no es cosa, se llama limón. Viene del árbol llamado limonero. ¡Cuidado! No tontita, no porque vayas a dañar al limonero o la rosa que está con él. Es porque ellos te pueden hacer daño, si no los tratas con cuidado. Tienen espinas y son filosas y se encajan fácilmente en la piel. Hay que tratar con cuidado y respeto a las plantas, para que podamos tomar sus frutos.

-¡Dame el limón, yo quiero el limón! –le pedía con urgencia la nieta

-¡Agh! ¡Esta amargo!

-Ja ja ja, ¿pues que en tu casa no utilizan los limones?

-Sí abuelito, pero yo pensé que éste, por ser de árbol era dulce, como el durazno o la manzana

-Ay mijita, todos los limones vienen de un árbol

-¡Todos!

-Sí, todos

-Vente, mi cielo, con estos limones que cortamos, vamos a hacer una riquísima agua de limón

-¡Pero si están bien agrios!

-Mejor. A que tus papás, deberían sacarte más seguido. ¿Pues que enseñan ahora en las escuelas?

Y mientras el abuelo y su nieta se alejaban, hacia la casa, Elder pensaba que esa era la razón por la que la madre tierra (que es el dios del mundo, según pensaban las plantas) era tan condescendiente  con los de la especie del guardián. Pues ellos sabían sacar lo mejor de los demás. Porque un limón, por sí solo, es de difícil ingesta. Pero es un fruto muy popular en el mundo del guardián. Lo exprimen en carnes y ensaladas, y lo usan para hacer agua. ¡Hasta en las bebidas lo utilizan! En un líquido que llaman cerveza y en otro liquido que llaman tequila. Y las flores del limonero también son usadas para hacer té.

Por otra parte, el limonero estaba henchido de felicidad. Se sentía más alto que el fresno y más sabio que el nopal. Hasta la más hermosa parecía menos bella, ante su magnificencia. No era para menos. El limonero, alto, hermoso, todo verde con muchas zonas emblanquecidas  por las flores de azahar, brillaban como si tuvieran luz propia; y qué decir del fruto, cargado de limones tan grandes que algunos doblaban a sus respectivas ramas.

-¡Auch! –se quejó la más bella- limonero presuntuoso, cuida tus frutos, que me golpean con desproporcionada saña

-¿Y qué puedo hacer? No soy responsable por dar tanto fruto. Y tú que alguna vez me tachaste de totalmente inútil, ahora te puedo decir lo mucho que puede obtener de mí el guardián. Sabiduría para su pequeña acompañante, pues gracias a mí, ahora sabe que los limones no se dan en sobres. También saciará su sed, pues con mi fruto hará una rica agua de limón. Y qué decir de las reuniones con otros de su especie, a los cuales engalanará con una sobria infusión de mis olorosas e inmaculadas flores de azahar. Ahora, en comparación contigo entiendo porque no sólo no me desterró, sino que me cuidó con esmero y cariño. Pues de ti únicamente obtiene una buena vista y un, debo admitirlo, refrescante aroma. Pero yo también doy aroma, y sació la sed y acompaño su comida. ¿Acaso hay té de rosas? –terminó de encomiar el limonero su valor propio e incordiar el de la rosa, la más hermosa

-¡Tu patán, engreído, grosero, irrespetuoso, altanero, falto de tacto, te odio! –fue lo que atinó decir la rosa hermosa, antes de quebrarse en un ríspido ataque de llanto
El limonero no pudo evitar sentir tristeza por haber tratado así a la rosa hermosa, su amor secreto. Pero no podía pedir disculpas. No, ella se lo tenía bien merecido. Y sin embargo, su corazón no sentía alegría. Sí, había demostrado que él era tan o más valioso que la rosa hermosa. O al menos eso creía. Pero a que costo.

Inconsolable, la rosa hermosa, no dirigía más la palabra al engreído limonero.
Hasta que un día, un particular día que al atardecer era cubierto por una intensa y pertinaz lluvia, que rayaba en tormenta, nunca antes vivida por la mayoría de los habitantes del jardín, pasó que la más hermosa se moría de miedo, pues el cielo atronaba en sucintos rayos y centellas que cada vez se hacían más y más largos. Lo peor, eran que cada vez se acercaban más y más a la tierra. La rosa hermosa temblaba de miedo inaudito.

-¡Voy a morir! –gritaba la rosa hermosa, que apenas era audible, pues las centellas, ahora transformadas en rayos, sajaban la tierra, cada vez más cerca del jardín

-No, no lo harás. Y en caso de que lo hagas, antes he de morir yo –le contesto el limonero con suficiencia y del todo convencido

-¡Ah sí! ¿Y como me aseguras que has de morir tú antes que yo? –le pregunto la rosa hermosa, un tanto extrañada por la franqueza de la afirmación de su (según ella) archienemigo

-Porque un día escuche como el hijo, título dado por el propio guardián a uno de su especie, le explicaba a la pequeñita que viene con frecuencia a nuestro mundo, acompañada del guardián, que no tenía por qué preocuparse por los rayos, que la casa la iba a proteger. Y que en caso de que cayeran, los rayos preferían los árboles grandes y puntiagudos, como los pinos de allá –le explico el limonero lenta y pacientemente a la rosa hermosa

-La pequeña le pregunto si esta preferencia era por los árboles y el hijo del guardián le contesto que sí, que antes que caer en la casa, un rayo preferiría caer en el fresno –continuo explicando el limonero

El fresno miró con cierta malicia al limonero, pero sabía que era verdad.

-Así que en orden de preferencia, el rayo seguirá con los árboles más pequeños. Y yo, bien has escuchado decir al guardián, soy un árbol –dijo finalmente el limonero

-Arbusto, más bien –acotó, en un acto reflejo por no estar de acuerdo con el limonero y para incomodarlo, aunque en realidad un limonero es considerado un árbol, no un arbusto

-Árbol, arbusto, pequeña hermosa –no pudo evitar decirlo así, el limonero-el rayo caerá en mí antes que en ti. Y por eso afirmo que antes de morir tú, por actos de un rayo, he de morir yo

-Pero antes que tú o yo, ha de morir el fresno y los pinos –acotó por último la rosa hermosa

-Bueno ya, nadie va a morir –dijo con exasperación el viejo fresno, sin dejar de mirar con malicia y disgusto al limonero y a la rosa hermosa

-Ja ja ja –reía abiertamente y con suma franqueza el todavía más viejo nopal

-También tú, Elder –le dirigió con cierto sufrimiento el fresno al nopal

Después ese día tormentoso (literal), si bien la relación de la rosa y el limonero no fueron toda dicha y amor, sí se fue paulatinamente consolidando. La rosa hermosa fue cada vez menos soez, mordaz y agresiva en su comunicación con el limonero y el limonero, bueno el limonero nunca dejo de prodigar cariño y amor en cuanto a la actitud hacia la rosa, su gran amor.

-¿Qué es simbiosis, abuelito? –preguntó la nieta a su abuelo, una ocasión que se encontraba haciendo su tarea

-La wiki dice que es “la vida en conjunción de dos organismos disimilares, normalmente en íntima asociación, y por lo general con efectos benéficos para al menos uno de ellos” y muchas cosas más que me da flojera leer y que además no entiendo –siguió inquiriendo la nieta al abuelo

-¿La wiki? Eso que es –preguntó el abuelo

-Internet, abuelito, mira –con lo que la nieta le enseñó la página donde estaba leyendo la información

-Bueno pues sí, es mucha información para tu edad. Pero algún día leerás eso y mucho más en mucho menos tiempo. Y entenderás y te servirá para hacer otras tareas mucho más complejas que esta –razonaba un tanto para sí, un tanto para su nieta

-Bien pues simbiosis es… ven vamos al limonero. Eso hija mía, es simbiosis, simbiosis amorosa

El último día de mi vida (II y final)

Advertencia: El contenido del siguiente texto trata sobre el suicidio, desde mi punto de vista, por lo que no es la opinión de un experto y...