18 octubre 2012

¡Un Achievement mas en mi vida!

Resumen: Logros, finales, cambios, expectativas, obviamente, de un servidor.
 
Me he vuelto adicto a las “canelitas”. Las “canelitas” son unos dulces o caramelos macizos, sabor canela (¿A poco?). Las venden únicamente en un puesto, de los múltiples que hay, enfrente del hospital. También las venden en otro puesto, pero para ese hay que caminar mucho más. No demasiado, pero hay que atravesar un predio, que en su momento fue un llano.
 
Y por estos lugares, la tierra es barrosa, el lodo es espeso y pesado. Yo digo que es barro negro, pero como no soy experto en el tema, no puedo asegurarlo. Pero a mí se me hace que es barro negro.
Son de a medio peso ($0.50). Se me hacen caros. Cada que los compro me digo “ahora sí voy a ir a buscarlos para comprarme una bolsa entera”. No lo he hecho, así que sigo yendo por mi dosis de 4 o 5 “canelitas”. Por una parte está bien, porque con lo compulsivo que soy, me acabaría esa bolsa en una semana. Mi dosis, que no es diaria, se acaba en una hora y media, aproximadamente. Si tengo que hablar, pues me duran hasta la salida del hospital.
 
Está bien lejos, llegar hasta acá. No me pagan. Pero me gusta. Como a veces el psicólogo en jefe (y único psicólogo de todo el hospital) tiene que salir (porque además es catedrático de la universidad estatal), me quedo con todo el consultorio. No es gran cosa; quiero decir, el consultorio es de los más grandes, por la terapia grupal, pero no me refiero al tamaño, sino que al menos ya no tengo que andar buscando donde sentarme.
 
Lo que sucede es que cuando el psicólogo en jefe da sesión, pues tengo que salirme. Y si todos los demás consultorios están llenos (que a eso de las 10 u 11 ya lo están) no puedo más que esperar parado. Digo, podría irme a la sala de espera, pero luego se presta para las consultas de “pasillo” y pues no, eso me resulta muy molesto.

Así que cuando se va, me viene la fantasía de tener yo este puesto. La verdad es que no es tan difícil, si te gusta. Como todo ¿verdad? Pero se requieren más estudios y que se abran plazas. Yo apenas voy a terminar clases. ¡Sí! ¡Achievement unlocked  1000G – Finalización de la licenciatura! (Quizá esto último solo lo entenderán aquellos que juegan en el Xbox). Y las plazas son excesivamente contadas. ¡Sólo un psicólogo para atender un hospital de tercer nivel! Efectivamente se está tomando cada día con más seriedad y necesidad a la psicología, pero todavía le falta mucho trecho por recorrer.
 
El próximo sábado 20 de Octubre de 2012 termino clases. Técnicamente ya las terminé, solo voy al examen, y ya. Hace cuatro años y algo comencé esta aventura (ja ja ja que poco original, pero desde cuanto tenía ganas de usar esa trillada frase) y estoy a días de concluirla. Les puedo comentar que estoy muy entusiasmado, incluso más que cuando terminé la maestría (en el área de sistemas de cómputo, esto de la psicología es algo totalmente distinto).
 
Es posible que ahora sí me mande a hacer el anillo de licenciatura. Hasta el día de hoy, no poseo alguno ni de la maestría y ni de la licenciatura anterior. Tal vez. No estoy muy seguro, y tampoco tengo dinero. Pero estoy emocionado. Siento un poco de cosquilleo en el estómago. Hace mucho que no tenía ese sentimiento. ¡Se siente bien!
 
Falta todavía mucho, lo próximo es pasar el último examen (de una materia) para dedicarme a obtener la cédula profesional. Tengo planes, pero todos ellos giran alrededor de lo que quiero y lo que necesito. Quiero hacer el doctorado. De verdad. En psicología, claro. Pero necesito dinero. Hace unos días me contacto un ex colaborador, un excelente computólogo. Me pidió mi curriculum (el vitae, no sean mal pensados), que me quiere devolver al ruedo (de los sistemas de cómputo).
 
Que les puedo decir, mi narcisismo en la cima del mundo. No me negué, total, no me hizo oferta alguna, ni promesa de algo. Sólo eso, mi CV. Por supuesto que ya incluí lo de psicología. “¿Y te piensas dedicar a eso?” –Claro “Bueno, pero mientras pásame tu cv” –Claro
 
No me quiero regresar al DF, pero el dinero es el dinero. Gracias a el dinero que obtuve haciendo el trabajo de sistemas, fue que logré dar fin a esta aventura (ja ja ja ja). Ahora nuevamente necesito dinero. De verdad no tiene idea de lo caro que salen las pruebas psicológicas, y demás material para tener un consultorio medianamente armado. El más simple, pues es una habitación con dos sillas. ¿Suficiente? Pues depende que tanto quieras profundizar y a que público objetivo te quieras dedicar.
 
Si es para niños, definitivamente no te sirve. Para adolescentes y adultos sirve. Pero solo para psicoterapias, y eso, de padecimientos no tan complejos. Pero por ejemplo, si llega un adolescente que quiera que lo ayudes a “descubrir” sus “gustos” porque no sabe que estudiar, la habitación con dos sillas comienzan a ser muy inadecuados. Necesitas pruebas. Y esas pruebas cuestan. Una consulta, al menos de un novato como yo, no alcanza para comprarla. Ni 10.
 
Por lo pronto ya me pidieron (y es un honor, de verdad) que alargue mi estancia en el hospital. Mi servicio se acaba a fin de mes. Me gusta, mucho. Pero no me da ganancia monetaria. Es como el amor con falta de dinero o dinero con falta de amor. Ambos acercamientos no terminan bien. Debe haber un equilibrio. Que puedo decir. Me siento bien, pero sin opciones a irme de vacaciones (que de por sí, no soy muy vacacionista que digamos, pero al menos tener la certeza de que me puedo ir, cuando mejor me convenga), de formar una familia (que tampoco estoy buscando tener hijos, pero al menos sí vivir en pareja), de excepcional y eventualmente tener un hijo (cada vez se desdibuja más esta opción), de seguir estudiando, porque los estudios, ¡Oh sí!, cuestan.
 
Así que desde aquí, sentado en la silla del jefe, acabando con mi cuarta “canelita”, viendo el ajetreo del piso, el paso de enfermos, enfermeras y médicos, ensimismado en mi pensamiento, oyendo a Beethoven (que tal, hipster el no tan chavo; ¿ya se fijaron que Beethoven es parte del diccionario del procesador de textos en español?) les comparto estos momentos únicos de mi existencia.
 
No sé qué pase en los próximos 3 meses, pero en ellos se decidirán si llegaré a ser doctor en psicología, si la psicología se transformará en mi trabajo sabatino, si me regresaré al DF, si este sentimiento en el estómago se volverá a presentar. Yo deseo que sí. Es que se siente tan bonito.

01 octubre 2012

Cerrando círculos

Resumen: Sueños y pensamientos personales

Preludio: Tengo un archivo con entradas que por una u otras razones, no publico en la fecha, este escrito salió de mi mente el 24 de Septiembre del 2012.
 
La semana pasada tuve un sueño. Pero antes, quiero comentar que mi vida amorosa casi siempre ha quedado sin cerrar círculos. Y sí, este sueño tiene que ver con mi vida amorosa. No fue tan extraño, y más bien muy común. Común en el sentido que no volé, ni conviví con personas ya fallecidas.
Común y no tanto. Resulta que fui a la casa de Black Swan a despedirme, a cerrar ese círculo. Solo que nunca conocí su casa en la vida real, y en mi sueño, su casa era una casa de una familia clase media del DF, es decir, una vivienda que en sus inicios fue bonita y funcional, y hoy solo es funcional. Era una casa con paredes desvencijadas, con pintura opaca y cacariza. Estaban sus hermanos. A esos si los conocí, pero los hermanos de mi sueño no eran los que conozco. Es más solo sabía que eran sus hermanos, pero en realidad no los reconocí, eran pues, unos desconocidos. Pero sabía que eran sus hermanos.

La vi, y como siempre que la veo, me dio un vuelco el estómago; tan linda, tan ella, con ese cuerpazo de bailarina exótica, y su respingada nariz que tanto me gusta y su chillona voz, que no me cansa y con ese desparpajo, como quien siempre está de buenas. Había una reunión, una fiesta, creo, lo curioso es que ella era la única mujer en mi sueño.
 
Nos sentamos, en el sofá de la sala de estar; supongo que hablamos, esa parte no lo recuerdo. Pero doy por hecho de que hablamos, porque estaba a punto de marcharme, de levantarme cuando ella, sin mediar palabra alguna, me tomó de la mano. Y la sentí, su mano, tan viva, tan calientita, y suave al tacto, con esos dedos largos que tanto me gustan. Y firme, pero a la vez suave, no dejó que me levantara.
 
Al contrario, se acurrucó en mi regazo, como tantas veces quise, y me miró con esos ojotes y me sonrió. Y fui inmensamente feliz ¡Por fin lo había conseguido! ¡Por fin había decidido quedarse a mi lado!
 
Pasamos toda la tarde, así, ella acurrucada en mis muslos; yo sin dejar de mirarla, de recorrer cada vuelta de su torneada complexión, sabiendo lo hermoso que iba a ser de ahora en adelante, de tenerla por fin conmigo.
 
Y verdaderamente fui muy feliz. Fui tan dichoso que ni siquiera cuando desperté, el contraste con la realidad me quitó ese sentimiento placentero. Mi mente decidió que ya es momento de cerrar círculos, que ya debo empezar de nuevo. Y si no puedo realizarlo en la vida real, lo puedo intentar en el mundo de los sueños. Total, la mente, en ese momento, no distingue sueño de realidad.
Así que ya me siento con mucho menos pena y tristeza. Primero pensé que me estoy volviendo psicótico, es decir, hay una escisión de mi mente; pero no creo, porque estoy consciente que eso que pasó, en realidad no pasó, y que no pasará.
Ahora, analizando el hecho, creo que es la manera con la cual mi cerebro intenta dejar de sufrir, de llorar, de penar. Realizando lo irrealizable, dándole un sentido lógico al asunto. Siendo sin ser. Yo creo que ese es el verdadero poder del ser humano. Trascender a la realidad. Porque después de todo ¿Qué es real? ¿Qué es ficción? Nuestra mente lo decide.
Así pues Black Swan, me despido de ti, con mucho pesar, con lágrimas a punto de salir, deseando lo mejor para ti, para tu vida. Te dije que no me arrepiento de haberte conocido. Ahora lo sostengo.
 
¡Hasta la otra!

02 septiembre 2012

Principio del fin


Resumen: pues nada, aquí nada más, divagando.

Y ya estamos en el último cuatrimestre del año. En este mes, hace un año, estaba iniciando mi última crisis existencial (llevo varias, tantas que ya hasta perdí la cuenta). Deje mi trabajo, decidí cambiar de actividad de toda la vida para generar riqueza; deje el DF; me despedí de mi gran crunch, al que todavía añoro y muero por ver (pero no he visto desde abril de 2012, ni volveré a ver en mucho, mucho tiempo); me aventé, me lance al vacío, no espero regresar.
Pero uno nunca sabe. No puedo pasar el resto de mi vida sin actividad que me genere dividendos económicos, pero definitivamente no quiero regresar al DF. Ni me quiero mover de donde estoy. Desafortunadamente por acá no hay mucho que hacer en cuanto a sistemas, los sueldos son bajísimos y nada atractivos.
Pero tampoco es que quiera seguir en sistemas: al dejar mi trabajo anterior, también decidí que ya no iba a seguir en sistemas, no como fuente primaria de trabajo, tal vez si se presentara una oportunidad de medio tiempo o de manera tangencial, como dar clases de computación o algo así.
Además tenemos la profecía maya del 2012, el PRI regresa (los conocedores del tema me replican: ¿Pues cuando se fue?) y yo estoy tranquilo, sin trabajo ni dinero, pero tranquilo. Tengo lo suficiente para vivir, sin lujos ni con opción de adquirir bienes materiales, como antaño. Eso se extiende a los eventos sociales: ya nada más tomo en fiestas, y como casi no voy ni me invitan, pues he andado sobrio. No me quejo. Pero ya se me antoja una mareadita alcohólica.

29 agosto 2012

Acumular cosas

Resumen: Mi punto de vista sobre la costumbre/maña del ser humano de guardar cosas

En mi pueblo llueve con cierta frecuencia. Tenemos un clima lluvioso una (cálculo personal) tercera parte del año, más o menos. Y la lluvia viene acompañada de rayos y truenos. Los truenos, pero principalmente los rayos, tienen la característica de quemar los aparatos eléctricos.
Se supone que mi hogar esta aterrizada físicamente, pero esto no para el efecto de inducción magnética ¿Cómo lo sé? Pues porque, incluso, con el interruptor principal de la energía abajo (cortando el flujo de corriente eléctrica), cuando caen los rayos, a veces, no muy frecuentemente, pero a veces, los focos se prenden.


Las primeras veces si te agarra desprevenido y hasta miedito te da. Pero después analizas el fenómeno y caes en cuenta del efecto de la inducción magnética. Pero hay otro efecto, más dañino y perjudicial para los aparatos eléctricos: se queman.
No todos, claro, pero si algunos como el modem (por eso luego no tengo Internet) y dependiendo de la cercanía de la caída del rayo, algunos transformadores de aparatos como los cargadores de telefónicos.


Por eso cuando comienza a tronar, ahí me tienen desconectando antenas, el modem, las clavijas de casi todos los aparatos eléctricos. Y sí, si uso reguladores, pero como les comentaba, eso sirve para los picos del voltaje que vienen por la red eléctrica. Pero el efecto de la inducción magnética no puede ser detenido de esta manera.


¿Y que tiene que ver todo esto con la cuestión del acumulamiento de cosas? Bueno pues resulta que en uno de estos aparatos eléctricos, específicamente un teléfono inalámbrico, tenía mucha información de personas que ya casi no frecuento, pero cuya información no poseo en otro lugar. Es decir, como el dichoso teléfono se estropeó, perdí toda esa información.


La gran mayoría la puedo recuperar, otro tanto no me interesa (es más, ni recuerdo que pueda haber) y una muy poca, poquísima información, si me pudiera interesar recuperar. O tal vez no.
Quiero, pero no quiero. Resulta que en la memoria de este teléfono tenía guardada la información de un mujer muy querida por mí. El número de su casa. La última vez que le llamé fue en abril del 2012, hace no mucho. Nos vimos y no me fue bien. Me fue muy mal de hecho.
 
Mal y no. Y de ahí el título de esta entrada. Acumulamos cosas. Volteo y veo el calzado que tengo. Pues hay cuando menos cuatro pares de zapatos y unas botas que no recuerdo cuando fue la última vez que las usé. Los zapatos ya ni me gustan y con mi actual ocupación de semi NiNi menos probabilidades de uso van a tener. Las botas no se diga. Yo soy más de tenis.
 
Pero ahí las tengo. Lo mismo pasa con mis apuntes estudiantiles. Todavía guardo las libretas desde la secundaría. ¿Para qué? Francamente no lo sé. Estaba revisando mis notas de la prepa y la universidad. Algunas cosas ya no me acuerdo, sobre todo de matemáticas avanzadas y otras, la gran mayoría, ya no tienen interés para mí. Pero ahí tengo todo ese cúmulo de hojas y hojas.
“Sí, mejor las guardo, uno nunca sabe cuando pueden ser útiles” Ajá. No he ocupado algo de eso que he ido acumulando hasta ahora. Y lo más probable es que nunca lo llegue a ocupar. Es más, si no reviso lo que tienen, ya ni sabría que información poseo. Luego entonces, el no saber que es lo que estoy guardando o no tener esa información, vienen a ser para efectos pragmáticos, lo mismo.
 
Lo mismo y no, porque estoy ocupando espacio. Pero uno, como persona, prefiere tener a no tener. Aunque el tener no implique necesariamente que se ocupe. En mi caso, no he ocupada algo de lo que he guardado, para absolutamente nada. Y caigo en cuanta que eso de tener es solo una muletilla, una tablita mental de salvación. Salvación, ¿de qué?
 
Vivimos de una promesa de que estamos bien o vamos a estar bien. El acumular cosas es una expresión de esa promesa. A lo mejor esos zapatos o esas botas las voy a ocupar después. Mejor tenerlas a no tenerlas. ¿No? Pues no, porque si no las ocupas de manera cotidiana, lo más probable es que nunca más las ocupes.
 
Eso pasa con el conocimiento, si no lo ejerces o usas, lo más probable es que lo olvides y para efectos prácticos es como si nunca lo hubieras aprendido. La única ventaja es que la curva de aprendizaje de un conocimiento adquirido previamente es menor a que si nunca lo hubieras adquirido con anterioridad.
 
Y un tren de pensamientos me inundó cuando caí en cuenta que ya no tengo el número telefónico (de su casa, porque el celular sí) de mi ultimo gran crush. Primero me inundó la desesperación, de ver la manera de componer (que no es tan difícil, pues solamente se quemó el eliminador y no es tan difícil conseguir un eliminador “multiusos-multicontactos”) el aparato para sacar esa información.
 
Pero luego me di cuenta que, suponiendo logrará extraer el número telefónico, iba a pasar a ser parte de mi cúmulo de colectas. Soy malo para memorizar las cosas, por lo que el número, de aprendérmelo, eventualmente lo olvidaré. Sobre todo si no lo uso. Y no lo uso.
 
Así que opté por dejar por la paz la idea de “revivir” mi inalámbrico y dejar que esa información pase al mundo de lo olvidado. Aunque digo que la cuestión no es olvidar, si no aceptar. Porque olvidar es como si no hubiera pasado. Aceptar es un proceso mucho más complicado y efectivo. Uno acepta, pero no olvida. Aceptar y olvidar no es lo mismo. Así pues, al dejar que ese número se pierda comienza esta situación de la aceptación.
 
Aceptar que ya no estará más en tu vida. Hablo de mí y de ella, por si no se habían dado cuenta. A lo largo de mi vida, la cual ya lleva un poco más de la tercera parte (estadísticamente hablando) y se acerca rápidamente a la mitad de la misma, he aprendido que el tiempo y la distancia son buenas para solventar las heridas emocionales.
 
Antes pensaba que la distancia y el tiempo proporcionaban olvido. Pero uno nunca olvida, uno acepta. El olvido sucede solo si tiene un percance en el cerebro, una enfermedad (como el Alzheimer) o un golpe que afecte físicamente a tu masa encefálica.
 
Así que el tiempo y la distancia son buenos para aceptar, con resignación, aquello que no quieres aceptar. Al final no te queda de otra. No depende de ti. Es tan complicado aceptar esa realidad. Tu tan cerca, tan viva, tan al alcance, pero en la práctica tan lejana y divergente.
 
Porque la cercanía no es tanto física como emotiva. La cercanía física es tan débil y la lejanía emotiva tan fuerte. Tú allá y yo aquí, queriendo estar allá. Pero la pura cercanía no basta. Lo que se requiere es un consenso, estar en la misma sintonía. Esa es la falla del sistema. Por eso es que tú estas allá y yo estoy aquí.

22 agosto 2012

Lo admito, soy voyeurista

Resumen:  Ocio puro, puro ocio.

Y para salir en esta página, se necesita tener cuando menos 90 de busto y ser copa C. Cuando menos.

También les dejo este videito; la dueña del canal trabaja en TV Azteca, sí me la daba, tiene unos ojos preciosos, pero es medio mamila. A veces me gustan sus videos, a veces no, pero este video me gustó porque sale el Jack Black de Tepito y de repente si les sale un poco la cuestión de la comicidad.



O tal vez solo sea que estoy de simplón.


21 agosto 2012

Anotaciones sobre fenómenos histéricos

Resumen: Fragmentos del texto "Sobre el mecanismo psíquico de 
fenómenos histéricos (1893)" «Über den psychischen 
Mechanismus hysterischer Phänomene» de Freud

  • En la primera mitad de la década de 1880, Charcot empezó a dedicar su atención a la «gran neurosis», como  denominan los franceses a la histeria.
  • A  fin  de  que  la  representación  «el  brazo  está  paralizado»  pudiera provocar  realmente  una  parálisis  en  el enfermo, sería necesario que este se encontrara en el estado  de  la  hipnosis.
  • Ahora  bien,  el  obrero  no  se  encontraba  en  ese  estado;  no  obstante, podemos suponer que durante el trauma era el suyo un particular estado mental, y Charcot se inclina  a  equiparar  este  afecto  al  estado  hipnótico  artificialmente  provocado.
  • Señores:  Más  o  menos  por  la  misma  época  en  que  Charcot  iluminaba  de  esta  manera  las parálisis  histero-traumáticas,  el  doctor  Breuer,  en  1880-82,  prestaba  asistencia  médica  a  una joven dama que, mientras cuidaba a su padre enfermo, y por una etiología no traumática,  había contraído  una  histeria  grave  y  complicada,  con  parálisis,  contracturas,  perturbaciones  del lenguaje y de la visión y toda clase de particularidades psíquicas.
  • Este caso conservará su significación  para  el  historial  de  la  histeria,  pues  fue el  primero  en  que  el  médico  consiguió iluminar todos los síntomas del estado histérico, averiguar el origen de cada uno de ellos y al mismo tiempo hallar el camino para que ese síntoma tornara a desaparecer; fue, por así decir, el  primer  caso  de  histeria  que se volvió trasparente. 
  • Helo aquí: es preciso poner a los enfermos en estado de hipnosis y entonces inquirirles por el origen de cierto síntoma, cuándo apareció por primera vez y qué recuerdan a raíz de ello.
  • Existe una total analogía entre la parálisis traumática y la histeria común, no traumática.
  • El cuidado de enfermos es de presencia frecuente en la etiología de la histeria
  • Uno de los síntomas más frecuentes de la histeria es la anorexia y el vómito. Conozco toda una serie de casos que explican de manera simple el surgimiento de ese síntoma. Así, una enferma, que  había  leído  una  carta  mortificante  inmediatamente  antes  de  comer, después de hacerlo vomitó todo, y el vómito persistió luego.
  • También el síntoma del insomnio y la perturbación del dormir encuentran las más de las veces una exactísima explicación.
  • A tales simbolizaciones han recurrido muchos pacientes en toda una serie de sedicentes  neuralgias  y  dolores.  Existe  por  así  decir,  un  propósito  de  expresar  el  estado psíquico mediante uno corporal, para lo cual el uso lingüístico ofrece los puentes.
  • Toda  histeria  puede concebirse  como  una  histeria  traumática  en  el  sentido  del  trauma  psíquico,  y  que  todo fenómeno está determinado con arreglo a la índole del trauma.
  • Si  un  ser  humano  experimenta  una  impresión psíquica, en su sistema nervioso se acrecienta algo que por el momento llamaremos la «sumade excitación»
  • El acrecentamiento de la suma  de  excitación  acontece  por  vías  sensoriales,  su  empequeñecimiento  por  vías  motrices.
  • Sin  embargo,  un  autor inglés lo señala con chispa: el primero que en vez de arrojar una flecha al enemigo le lanzó un insulto fue el fundador de la civilización; de ese modo, la palabra es el sustituto de la acción, y  en ciertas circunstancias  (confesión)  el  único  sustituto.
  • Si un ofendido no puede devolver la afrenta, ni dando a su vez una bofetada ni por medio de un insulto, se crea la posibilidad  de que el recuerdo de ese suceso vuelva a convocarle el mismo afecto que estuvo presente al comienzo.
  • Una afrenta devuelta, aunque sólo sea de palabra, se recuerda de otro modo que una que se debió tolerar, y es característico que la lengua llame «mortificación» a este padecer tolerado calladamente.
  • Así las cosas, si la reacción frente al trauma psíquico tuvo que ser interrumpida por alguna razón, aquel conserva su afecto originario, y toda vez que el ser humano  no  puede  aligerarse  del  aumento  de  estímulo  mediante «abreacción» está dada la posibilidad  de  que  el  suceso  en  cuestión  se  convierta  en  un  trauma psíquico.
  • Consideremos ahora el modo en que opera nuestra terapia. Ella solicita {entgegenkommen} uno de los más ardientes deseos de la humanidad, a saber, el deseo de tener permitido hacer algo por segunda vez. 
  • Alguien ha experimentado un trauma psíquico sin reaccionar suficientemente frente a él; uno se lo hace vivenciar por segunda vez, pero en la hipnosis, y ahora lo constriñe a completar la reacción. Entonces él se aligera del afecto de la representación, que antes estaba por así decir estrangulado, y con ello se cancela el efecto de esa representación. Vale decir que consumando la reacción no tramitada no curamos la histeria, sino síntomas singulares de ella.
 Estoy indagando los orígenes de la psicología, sabor Freud, y este es uno de los primeros escritos (cronológicamente) netamente freudianos donde se pueden rastrear el principio del psicoanálisis. Cuando se cuenta la historia, en clase, da la impresión de que Freud lo sabía todo desde siempre.

Bien, no fue así. Afortunadamente, esta su testimonio en miles (literal) de páginas escritas por el propio maestro. Dejé bastante claro cual fue la idea que más me gusto de este escrito, sobre el fundador de la civilización.

Nótese que en este escrito, todavía se toma a la hipnósis como herramienta de uso terapéutico, y que actualmente no se utiliza en las terapias psicológicas.

Si leen el texto completo, se darán cuenta que en realidad fue Breuer quien podría considerarse, si no el padre, sí el de la idea primigénea sobre la cura por el habla. ¡Fascinante!

El último día de mi vida (II y final)

Advertencia: El contenido del siguiente texto trata sobre el suicidio, desde mi punto de vista, por lo que no es la opinión de un experto y...