25 agosto 2011

Del linchamiento mediático

O de una vez que ya la cagaste, calladito(a) te ves mas bonito(a). Y me refiero al bipolar caso (bipolar porque sería de risa loca, si no es por las implicaciones sociales de trasfondo) de la pseudo famosa Azalia Ojeda, mejor conocida (?) como Azalia la negra, que salió en el infamoso programa del BigBrother.

Desde que supe del programa (BigBrother) me hice el prejuicio que los posibles participantes no podrían considerarse personalidades normales, donde normalidad debe entenderse como la personalidad que te permite desarrollarte, en términos generales, en el nicho social donde te encuentres, sin mayores complicaciones sociales (es decir, no ser un ladrón, asesino, extorsionador, etc., y tener un trabajo que te permita mejorar la situación social de donde te encuentres y vivir bien)

Aunque la mayoría de los participantes han pasado sin pena ni gloria, hay algunos casos que, supongo, a pesar de no quererlo, siguen en el BigBrother. Tal es el caso de la triste inspiración de esta entrada.
Y es que al ver el video, mi primer sentimiento fue de indignación, para luego pasar a una empatía y posterior frustración con la policía. Indignación por que el comportamiento de las protagonistas ameritaba la aplicación de la ley.



No el peso de la ley, únicamente la ley. Así de plano, así de sencillo. Pero el caso quedo impune. Hasta este momento. Por ahí he leído algunas referencias que serán citadas por la policía, que los policías involucrados ya levantaron su denuncia, etc. Pero hasta no ver, no creer. Y derivado de este comportamiento inicial, se da paso al racismo de clase ¿Desde cuando ser asalariado es considerado un insulto? ¿No debería más bien ser motivo de gusto? Yo quisiera ser asalariado, en lugar de eso, me comporto más como un albañil (sin ofender, y con respecto a la situación laboral) en busca de “jale”. Porque el gobierno del cambio no ha dado frutos y particularmente con el presidente del “empleo”, pues más bien se ha incrementado la cantidad de pobres en el país y se ha evidenciado una falta de empleos de calidad.

Las protagonistas, que en un acto inverso de clasisismo han sido catalogadas como “ladies de polanco”, le mientan la madre, no nada más a una persona, que la acción por sí misma es deleznable, sino que además le faltan el respeto a la autoridad. Y aqui viene otra reflexión: Si cinco policías no pueden someter (que la ley los habilita para tal acción) a dos personas ebrias ¿Qué podemos esperar de su actuar en contra del crimen organizado? ¡Tengo miedo!

Y he aquí la falta mas grave de la policía, pues falla en uno de sus objetivos principales, que es la de proporcionar seguridad a la población. Y fallan porque dejan ir a un par de personas alcoholizadas, que bajo prácticamente cualquier situación, no están capacitadas para manejar un auto de más de 1 000 kilogramos en una ciudad con tantos habitantes. Esta es, en mi opinión, la mayor falta de la actuación policiaca en este caso. Y por supuesto que deberían llamarles la atención.

Y digo que sentí empatía por la policía, porque a todas luces se nota la total falta de capacitación para manejar una situación como la presentada. De cinco, no hacen uno. Y sin justificarlos, tal vez el verdadero responsable de esta falta de capacitación, es la misma institución policial. Si el mismo policía no se cree la investidura (porque sí señores, es una investidura) de representante de la legalidad (uno de tantos, como los abogados, jueces, etc.) que tiene al portar el uniforme y le da el respeto debido, como espera que los ciudadanos les tengamos respeto al uniforme.

Pero como escribía mas arriba, tal vez no es su culpa. Y no importa que por ganar lo que ganen (no sé cuanto ganen, ¿Cinco mil, diez mil pesos?) no deban de imponer su autoridad, no la autoridad de ellos como personas, si no la autoridad de la ley, a la que representan. Y es que la ley, como tal, es un ente abstracto, por eso es necesario que una persona se invista de tal autoridad y la represente lo mejor humanamente posible. Y para ello, se requieren de personas que estén convencidas y crean en ese ente abstracto. De más esta decir que esa situación pocas veces se presenta.

Y por eso sentí frustración, frustración de saber que la policía, y en general prácticamente todos los cuerpos de seguridad pública, no están capacitados en su actuación, no tienen tácticas de disuasión, no tienen salud física,ni mental y muchas veces son a la vez, delincuentes. ¡Tengo miedo!

Ahora bien, digo que Azalia no ha salido del BigBrother porque una persona en aislamiento social, tiende a volverse muy agresivo. Es sabido que el alcohol suprime la actuación del Yo y del superYo. Es decir, suprime los mecanismos que tenemos todos los seres humanos para “comportarnos” en sociedad. Al suprimir esos sensores del comportamiento, queda expuesto el inconsciente, principalmente representado por el Ello, el cual contiene el lado oscuro de nuestra personalidad. Así pues, en términos prácticos, sale nuestro diablito a hacer de las suyas.

Y en el caso de las “ladies de polanco” tienen una cantidad de frustraciones que les provoca una angustia que a su vez se refleja en una agresividad a flor de piel, que cuando su Yo y superYo quedan anulados, sale a relucir en todo su esplendor. Pero además de sus frustraciones, tienen una conformación mental psicótica. El término psicótico no indica otra cosa que viven una realidad interna (propia y personal) que no se equipara con la realidad externa (que todos compartimos). Psicóticos famosos son por ejemplo el ex-presidente Vicente Fox, su esposa Marthita y en general todos los ex-presidentes y otros tantos políticos, que no viven en el mismo país que el resto de los mexicanos.

Y digo que tienen conformación psicótica porque las “señoritas” se comportan como si ellas fueran las ofendidas, cuando en realidad son las que ofenden. Esto se ve reafirmado en el segundo 36 del video compartido más arriba, donde la de blanco, identificada como Azalia Ojeda, un una situación psicótica, toma al policía y le dice que muestre su rostro a la cámara !Cuando ella es quien debería de esconderse¡
Es decir, ellas creen que están siendo extorsionadas por la policía y pretenden dejar evidencia en video de la manera en la cual fueron “vejadas”. Psicosis pura, hasta parece material de clase de psicología.

“Investigador” que es uno (eufemismo para no tildarme de “chismoso”), me puse a leer los comentarios del twitter. Lapidación virtual (virtual no por su inexistencia, que sí existe, virtual por ser expresada en el twitter). Desmedida, desproporcionada y muchas veces injustificada. Y no es que sea fan de la “negra”, es más, me cae “gorda” y eso que ni la conozco. Pero de sirvienta (¿por qué ser sirviente es una ofensa?), lesbiana, obesa, machorra, fea, naca, analfabeta, puta, y otro sin fin de epítetos no la bajan.

Voy a confesar, hasta yo metí mi twitt (aumentando el trendtopic), uno fue mi comentario a un comentario de un defensor de la “negra” que palabras más, palabras menos, la justificaba por ser mujer (si yo fuera mujer, creo que me sentiría ofendida por ese comentario). Y otro fue un twitt al secretario de seguridad pública del DF, con referencia a que él esta combatiendo la corrupción y yo le digo que la actitud tomada por la policía en el caso de Azalia era un tipo de corrupción. Si señor, la falta de actuación cuando debe de actuarse, es una falta por omisión y es un tipo de corrupción.

Al final, comparto estas reflexiones con ustedes mis asalariados lectores, del porqué me impacto la lapidación mediática de la que es objeto la “negra”. No justifico su actuar, que se ejerza la ley, que se le sancione como deba de ser sancionada. Pero hasta ahí. Y esta mujer, debería aplicar lo de “calladita te ves mas bonita”, ya que nada mas retorno al twitter para tratar de justificarse y volvió a ser trendtopic.

Y es que la víctima de tantos ataques, muchos vejatorios y evidentemente agresivos, es una expresión, creo, de un cansancio colectivo (¿Será este el tan cacareado inconsciente colectivo Jungiano?) de la sociedad mexicana, cansada de ser pobre, de tener trabajos que no le satisfacen, de malos salarios, de malos políticos que toman como objeto de escarnio la falta de modales de una persona (ebria), que tiene la mala (en estos momentos) fortuna de ser “famosa” y comportarse como lo hizo. De la otra involucrada en el video, nadie habla. Yo al menos no he encontrado referencias de su nombre y todos la ubican como la “amiga”.

Si toman, no anden haciendo desfiguros, que el cansancio colectivo esta cabrón.

21 julio 2011

cuento viejo

Ahora que estoy haciendo depuración de mis archivos, me encontré con un minicuento que escribí en el 2008. Creo que en ese momento no me acabó de gustar. Y no es que yo escriba como los grandes, pero ahora que lo releí, no me parece tan malo. Se los comparto. Trata sobre una vampira. Por esas fechas estaba leyendo un libro, no muy bueno, de vampiros. De vampiros sexosos. Ahí les va el cuentito:


-Que calle tan vieja y tétrica.
Pensó para sí Julián. Julián estaba de turista por aquel pueblo, “mágico”, le habían dicho.
-“Mágico”, ja, más bien viejo y decadente.
En ese instante escucho un gemido, un grito ahogado. Julián no es de las personas que creen en lo sobrenatural, vaya, ni siquiera es religioso; pero sí que les temía a sus congéneres, los “vivos”, esos sí que hacen daño, sobre todo cuando los impulsa la codicia y el odio.


-Bueno, buscabas aventuras, ¿O no Julián?

Pensó para sus adentros. Y armándose de valor, con paso sigiloso se acercó a donde creyó que se encontraba la fuente de aquel gemido. Lo que vio dejó sumamente sorprendido: una mujer delgada, estética, de piel cobriza, con una larga y negra cabellera se encontraba sobre un hombre, alto, fornido, de bigotes y barba. En realidad se encontraba mordiendo ávidamente el cuello de aquel hombre, su víctima a todas luces.

-¿Un vampiro, en México, en pleno desierto?

Ese pensamiento dejó muy sorprendido a Julián. Ciertamente era imposible, por favor, ¡Los vampiros no existen!
Sin embargo, la escena completa incluía la boca de la mujer llena de sangre y el sujeto, entre estertores, cada vez respiraba con mayor dificultad, produciendo unas exhalaciones que a Julián le provocaron mucho temor.
La mujer, con un instinto animal, sintió la presencia de aquel extraño. Por un momento dejó de succionar el cuello de su presa y agudizó sus sentidos. Julián sintió que la mujer se había percatado de su presencia.
Un frío indescriptible sacudió el cuerpo de Julián, paralizándolo por completo

-¡No es posible, los vampiros no existen!

Se repetía una y otra vez, sin poder convencerse así mismo. La mujer-vampiro dejo a su presa, de cualquier manera ya no tenía oportunidad alguna de ser salvado, aunque Julián tampoco estaba en la posibilidad de hacer algo al respecto. Él continuaba sin poder moverse; ahora respiraba con dificultad, presa de un miedo indescriptible, su cerebro no podía unir la realidad que sus ojos observaban con el sistema de creencia que poseía. Después de todo era un convencido nihilista.

Ahora la entidad enfocaba toda su atención en Julián, que comenzaba a dudar de su cordura.

-Debo estar bajo el influjo de alguna droga, que inadvertidamente consumí en la comida o en cervezas que tomé en aquella cantina de mala muerte.

Se decía en un vano intento de sacudirse aquella visión extrema.
La entidad se acercó al cuello de Julián que a pesar de sus esfuerzos no podía moverse, ni siquiera para intentar cubrir su cuello, que fue el único objetivo de la vampiro. Al estar a escasos centímetros del cuello de Julián, la vampiro emitió un poderoso e indescriptible rugido, nunca antes oído por Julián; un rugido cavernoso, gutural y de primitiva procedencia, que contribuyó a dejar todavía más indefenso a Julián.


Sin embargo no llego a consumar la mortal mordida, a pesar que Julián no ofrecía resistencia alguna. Julián no sabía la razón de aquel proceder. La mujer-vampiro olisqueaba con desenfado y cierta curiosidad el cuello de su nueva presa, hasta llegar a colocar su rostro a la altura de Julián.

-¡Que hermosa es!

Pensó al instante que vio aquel rostro, casi humano, de no ser por los ojos inyectados de sangre. Los labios hinchados rojísimos, y el olor, el olor a mujer, vampiro, pero mujer a fin de cuentas lo embriagó en una extraña mezcla de eros y tanátos, sexo y muerte, vida y muerte. Esas son de las pocas cosas puede no puede resistirse el ser humano.

La mujer vampiro, leyó su mente o tal vez, debido a sus incrementados sentidos, a sus sentidos extras, supo que Julián, aún considerándose un hombre muerto, no podía evitar sentir atracción por ella.

La mujer vampiro le sonrió, primero de manera juguetona, después como una consumada amante, haciéndolo sentir deseado.

Julián respondió a las acciones de la vampiro y no pudo evitar tener una erección.

Hombre y mujer, particularmente en este caso, hombre y vampiro, cayeron presa de un deseo incontrolable de sexo. Julián estaba como drogado, embotado, tal vez por efecto del olor de la mujer vampiro, tal vez porque se sabía ya muerto.

¿Cuanto tiempo duro aquello?, Julián no lo recordaba. Se despertó y se notó medio desnudo. Su ropa se encontraba cerca de donde yacía tendido. Ni la mujer vampiro ni el cadáver del otro hombre se encontraba a la vista, además ya estaba clareando, y según la creencia un vampiro no puede andar bajo la luz del sol. Se apresuró a vestirse, no fuera ser que los policías lo confundieran con un borracho y lo metieran a la cárcel.

Aunque para esos momentos le eran irrelevantes estas cuestiones tan simples, tan sosas. Comparado con la noche anterior, cualquier otro evento le iba a parecer tan insustancial.

Desde ese día Julián se ha vuelto más osado, obsesivo de las salidas nocturnas, esperando volver a encontrarse con ella, con esa mujer-vampiro; tal vez le pida que lo convierta en uno como ella, y tal vez ella acepte. Después de todo no lo mató, o bueno sí, pero de placer.

Febrero de 2008

29 junio 2011

Nota

Hoy, sí, hoy, he subido dos entradas, una muy larga, otra corta. Es que no tenia internet y el trabajo, la ahora falta del mismo, me habían traído de aquí para allá. Usualmente escribo cuando tengo interne, pero porque debe ser así? Así que escribí aunque no tenía internet y este es el resultado.

No es que me este volviendo prolífico. Además, estas entradas que les comparto son muy personales y densas, y muy posiblemente les resulte harto aburrido. Ni hablar, a mi me sirvió de catarsis. Y ésta, que debiera ser la primer entrada, fue la última, ya ven que la ultima entrada se presenta como la primera.

Y el porque hacer una nota aclaratoria? Pues nomás

Saludos!

Soliloquio nocturno

O del intento fallido de correr de uno mismo

> Quiero irme lejos.
< ¿A dónde?
> Lejos de ti, por supuesto.
< Ja ja ja, estas jodido amigo, muy jodido. No importa cuanto tiempo pases viajando, no importa cuantos medios utilices, no importa cuantos transportes uses, tu y yo estaremos tan cerca como en estos momentos. Tu y yo somos lo mismo.
> Mmm luego entonces no tengo opciones.
< Pues en realidad sí, tienes algunas opciones.
> ¿Por ejemplo?
< Por ejemplo puedes hacerte una lobotomía. Con eso dejas de ser tu y por consecuencia dejo de ser yo.
> Muy drástica solución. Además les dejaría una enorme carga emocional/de trabajo a mis papás/hermanos, no me parece justo, sería poco mas que un vegetal humano.
< Peor amigo, mas bien serías como un zombi. Bueno, peor que un zombi. Un zombi, hasta donde recuerdo, no necesita aseo, ni que le cambien el pañal. Tu cuerpo requeriría de mantenimiento, ya sabes, comida, que lo limpien. Eso hasta que fenezca.
> Y todavía queda la manera de hacerme una autolobotomía, una que parezca un accidente. ¿Ves? Luego entonces no tengo opción…
< En realidad podrías optar por “esa” opción.
> ¡Claro! “Esa” opción. Si la opción anterior implica una gran carga emocional, ésta segunda es incomparable con aquella. Poca carga de trabajo, mucha, muchísima carga emocional a los que me quieren. Y no, no se lo merecen. No puedo optar por “esa” opción, ya que mis papás/hermanos van a necesitar respuestas que ya no podré dárselas.
< Escríbeles una carta.
> Ves mucha televisión. Aunque les escribiera un tratado, siempre requerirían una explicación salida de mis labios. “Esa” opción, no es opción. Sigo atorado.
< En realidad te queda lo que haces hasta ahora. Te comportas como si fueras eterno, y no, mi estimado, no eres eterno. Deja que la naturaleza haga su trabajo.
> Mmm
< Además con el ritmo de vida que llevas, sobre peso, tabaquismo, alcoholismo, no creo que dures mucho tiempo en tu vejez.
> Ajá.
> Esta bien, por lo mientras déjame dormir. Esa es la única solución temporal que conozco de alejarme de ti. Dormir, dormir, dormir.
< ¡Pues duérmete! No te estoy picando los ojos, ¿O sí?
> No, no lo haces, pero estas pensando y yo oigo, vivo esos pensamientos
< Ja ja ja, no te digo, estas en el hoyo amigo. Un hoyo muy profundo.
< Son casi las tres de la mañana, ya duérmete, disfruta de estas tres horas antes que tengas que levantarte para ir a “trabajar”.
> Aunque lo digas con sarcasmo, realmente descanso en esas tres horas, sólo que me cuesta mas trabajo levantarme, tan a gusto que estoy antes de salir de la cama…

Estoy bastante seguro que si Cioran leyera mi soliloquio, lograría arrancarle cuando menos, una subida de ceja. Seguro.

Recuerdos emotivos

El fin de semana pasado, mientras hacia limpieza en mi cuarto, limpieza a fondo, esa limpieza que consiste en tirar toneladas de cuadernos, hojas y apuntes de mi vida estudiantil, encontré unas hojas que había olvidado. Unas hojas de una revista editada en la universidad donde hice la licenciatura.

Se trata de una reseña, la reseña de la actuación de un trovador que fue al teatro de la universidad. La reseña termina con un poema. Un poema que en ese momento, como ahora, hizo un cataclismo en mi psique.

No me alcanzan las palabras para describirles el porque del impacto en mi vida, de esas hermosas palabras. Mejor les cuento un pedazo triste/hermoso/añorado de mi vida. Por aquel entonces, estaba yo enamorado de mi primer gran amor. En ese entonces no sabía, ni nadie me dijo, que el amor no es necesariamente bidireccional. Tu puedes amar a alguien y no ser correspondido y viceversa.

Así pues, en perspectiva, estaba muy encandilado con “la reina del hielo”. Tiendo a poner apodos a las personas que me rodean, y las mujeres de mi vida no se escapan a tal desvarío. Le decía la reina del hielo o témpano andante, porque era muy fría en su trato. Como suele sucederme, me engancho con gran alegría y facilidad a las mujeres bonitas. Ella era muy bonita. Pero de esa belleza que yo le llamo “estética”. Ciertamente no tenía un cuerpo voluptuoso, pero su cuerpo sin duda alguna, era muy femenino.

Los ojos, la boca y la nariz, como me encantaban. Y el tacto, la tesitura de sus manos me producía algo así como descargas eléctricas. No exagero, de las pocas veces que logre tomarla de las manos, me producía una sensación suave al tacto, suave pero fría, como el agua de manantial de monte por la madrugada. Nada desagradable, muy al contrario.

Y además tenía otra característica que como me engatusa. Su porte. Yo le decía, bastante convencido, que podría dedicarse al modelaje. Acepto que exageré en mi apreciación, pero en aquel momento yo era un hombre enamorado. El porte era de una mujer muy propia, su maneras eran gatunas, finas. Hasta cuando miraba con desprecio, lo hacia con elegancia.

¡Esa es la palabra! Era muy elegante. Y la elegancia no tiene que ver con la ropa que usaba, pues nunca la vi vestida de gala, pero siempre me daba esa idea, con jeans y blusa, o pescadores y playera, o las combinaciones de ropa femenina que francamente desconozco y existan, siempre me parecía muy elegantemente vestida.

Como tiene el cuello largo, cuando usaba bufandas o cuellos de tortuga o cuellos normales, lucía muy elegante. “Tu torre de cristal personal” le decía en referencia a lo largo y blanco que me resultaba su cuello. Aunque en realidad no es muy alta, tal vez un metro setenta o un metro sesenta y algo, pero dada su complexión delgada, la hacia ver mas alta de lo que en realidad es. Cuando usaba botas, lucia impresionante. Nunca la vi de zapatillas, pero seguro que igual luce espectacular.

Bien, esa es la mujer que me hacia soñar despierto. Por supuesto que le dije que fuera mi novia, después de cómo tres años de relación. Aunque dicha relación era desconcertante. Tal parece que ese es mi sino, tener una relación muy cercana y agradable, pero no tanto para llegar a ser mas que amigos. Y digo que era desconcertante porque teníamos intimidad.

Quiero hacer notar que para mí, intimidad no es equivalente a tener sexo. Tener sexo es como hacer ejercicio: resulta agradable, sudas, te diviertes y te sientes bien. Pero eso no es intimidad. Yo digo que la intimidad, si es que ocurre, se presenta antes y después del sexo. El sexo solo es coger. Y claro que me encanta el sexo, ¡a quien no! Pero insisto, el sexo no es intimidad.

Digo que teníamos intimidad porque pasábamos mucho tiempo junto. Muchas veces la acompañe a la puerta de su casa, hasta entre a su casa, conocí a sus papás, a sus hermanos, platicábamos horas y horas. Todo muy agradable. Además teníamos un vicio en común: fumábamos como posesos.

No hubo temas tabúes, ni prohibidos. Realmente la pasábamos muy bien. Y es aquí la parte desconcertante para mi. Cuando íbamos en la micro/combi, muchas veces, siempre a instancias mías, la tomaba de la mano. Tal vez les suene tonto, de un perdedor, pero como atesoro esos momentos. Cuando nadie de nuestros conocidos/amigos nos veían, me permitía esos atrevimientos. Sé que no era sano, pero para mí bastaba. Soy un hombre de pocas exigencias.

Derivado de esas “tomadas de mano” fue la señal que esperaba para decirle que pasáramos al siguiente nivel. ¡Desastre total! Al menos para mí. Con el clásico “es que te quiero como a un amigo” selló una parte importante de mi vida. Desde entonces, he odiado esa manera de decir “no me interesas en plan sentimental”. “Mejor miéntame la madre” pensé en cuanto me soltó esa cagante estereotipada frase.

“Dada las circunstancias, es mejor que dejemos de vernos”, no fueron esas las palabras exactas que dijo, pero así las recuerdo. Ya por esas postreras etapas de la licenciatura, donde yo iba adelantado y ella se quedó atorada en algunas materias, dejamos de frecuentarnos. Una ocasión, por pura casualidad, en las que yo con mucha frecuencia, me pasaba a quedar en una especie de cantina estudiantil, a beber cerveza, fue que llegó ella. ¡Un pequeño triunfo para mí! Y es que con solo verme se puso rojísima. Ella tiene la piel blanca, no de color rubio, sino blanca, como la leche. El color de sus mejillas eran de un color encendido. ¡Algo le moví, a wiwi!

“Hola”, “hola” respondí. Y dado que íbamos en grupo, nos sentamos en una mesa, todo el grupo de amigos. Pocos sabían de mi desafortunado intento amoroso, así que no fue nada raro que nos sentaran juntos, un alguien, su servidor, ella y otro alguien. Me sentí a gusto, no bebí mucho, pues aunque mi corazón también se aceleró, mi piel me permite esconder ciertos sentimientos, y no quería hacer el ridículo. Como a la tercera cerveza, baje mi mano para colocarla a la mitad de su muslo.

Su primer reacción fue de sorpresa, pero como todos estábamos en el convivio, nadie se percato de mi movimiento. Ella solo atinó a hacer un leve, débil intento por retirar mi mano, que se aferraba con cierta firmeza a su muslo. Y fui feliz. Nos despedimos, ya era noche, “adiós” le dije, “nos vemos” me contestó. Y nada más volvió a pasar entre nosotros.

Si has llegado hasta aquí, estimado lector, debo decirte que es el preámbulo, la mitad más o menos, de lo que tengo que decir. Porque no es ella quien es la depositaria del poema que tanto me ha gustado desde entonces. Es otra ella. Esa otra, tan distinta de la “reina del hielo”, tanto en color de piel, como en sentimientos, como en figura. A esta otra, que si les digo como me refería a ella, sabrán su nombre y no es que sea algo malo que lo sepan, pero prefiero que ellas permanezcan en el anonimato. Además, sus nombres no son relevantes para lo que les estoy contando.

Esta otra, es más bien chaparrita, morenaza de fuego, no es precisamente una belleza, pero tampoco es fea. Con un cuerpo curvado, no tan estético, pero no menos bello. De ella, lo primero que me llamo la atención fue su largo e hirsuto cabello. No de ese tipo chino cerrado, mas bien ondulado, no lacio. Negro azabache su cabello, que cuando el sol le pega, brilla con una fuerza animal. Largo, a tres cuartas partes de la espalda, que cuando lo trae mojado, fácilmente le llega hasta la cintura.

¡Adoro el cabello largo! Pero lo que me enamoró de esta otra mujer de mi vida, es su carácter tan abierto, franco y sincero. De risa prolifera y sin tapujos. A ella la conocí al mismo tiempo que a la reina del hielo, pues los tres estábamos matriculados en la misma carrera. Pero, además de estar yo embelezado por la mujer estética, ella, la mujer de fuego, tenía novio. Y a la par que desarrollaba mi amistad/amor con la primera mujer, con la segunda también crecía algo que después no pude controlar.

Estudiábamos juntos, ya que ella y yo íbamos a la par en los estudios. Tomábamos las mismas clases, hacíamos equipo en los trabajos escolares, y nos iba bien. Siempre calificaciones altas. Era mucho más inteligente que mi amor desastroso. Ella supo, en algún momento, de lo que sentía por la reina del hielo.

- Ah pero si eres bien pendejo, nunca te va a pelar, no ves que ella es hija de papi, necesitas coche, y no te sientas mal, pero no creo que seas su tipo. Me decía
- No le hace, me gusta mucho. Le contestaba, no tan convencido de mi “no le hace”
- Pues allá tú.

***** (la morenaza de fuego) fue la primer persona que le conté de mi fallido intento por emparejarme con la reina del hielo. Fue la primera que me consoló. “¿Ves, te lo dije?”. ¿En qué momento comenzamos una relación? No lo recuerdo a bien, pero seguramente fue cuando más nos frecuentábamos; como dije, fue la primera que me consoló, íbamos al cine, a los eventos de la escuela, a estudiar a la biblioteca.

***** me ayudó a salir adelante. Creo que ella y yo congeniábamos al cien por ciento, y por lo mismo, la pasábamos genial juntos. Ahora yendo al museo, luego a las marchas (jejeje ambos éramos “rojillos”), dando nuestra opinión sobre el mundo, ¡componiendo el mundo!

“------, ya esta sospechando que le pongo el cuerno”, me dijo en cierta ocasión. Idiota que es uno, yo todavía con la esperanza de que la reina se fijara en mi, no había contemplado, en serio, mi relación con *****. Hasta ese momento. Por esos días, fue que se presento el autor del poema, que encontrarán mas abajo, a dar su cátedra de canciones y sentimientos, en el auditorio de la universidad. Y por supuesto, fuimos juntos.

- Pero a mí la trova ni me gusta. Le dije
- No seas fresa y vamos. Me contestó
- Ta bien, pues, vamos. Concedí

Auditorio lleno. A reventar. Que les puedo decir, es una de las actuaciones mas humanas, sentimentales y hermosas de las que he asistido hasta el día de hoy. Es increíble lo que te puede mover internamente una voz, una guitarra, y la habilidad para combinarlas. Cantó y contó, historia tras historia, muchas de amor y desamor, otras jocosas, unas más anecdóticas.
Regresó, bueno lo hicimos regresar hasta tres veces. Nadie se movía de su asiento, nadie paraba de aplaudir. Y el artista nada ingrato con su público, tampoco se retiraba definitivamente. Pero todo lo que comienza tiene que terminar. Es la ley de la vida.

- De verdad muchachos, ya no tengo canciones, ya no tengo historias, ya no tengo voz, ¡Por favor, déjenme ir!

Y lo dejamos ir, entre un mar de aplausos.

- A la otra que venga, volvemos a venir. Le dije emocionado a *****
- ¡Pero por supuesto!

Nunca más regresó. No al menos en el resto de mi estancia en la universidad. Pocos días después, apareció en una revista de edición interna, una breve narración de la actuación del trovador. Y ahí estaba, el poema, el dichoso poema que a continuación transcribo:

Hablemos de Amor

Nuestro amor se a vuelto fuego
y no quiero que te quemes,

pues al igual que yo le temes,
a dar todo por el todo.

No es por miedo, si no el modo
de
evitar que las cenizas,
vuelvan pardas las sonrisas que han brillado con las llamas.

Pues mas vale que las flamas se agiganten junto al frío,
a que el viento o el rocío nos las vengan a apagar.


Aprendamos a jugar con el fuego sin quemarnos,
y tu y yo vamos a amarnos,
en la fragua hasta fundirnos,
sin el miedo a confundirnos
al calor de nuestra vida
y que no se haga costumbre,
que sea nuevo cada vez

si nos vemos cada mes o nos vemos cada noche,
que no sea nunca un reproche lo que digan nuestros labios.

Nuestro amor sera de sabios.

Y la fuerza del instinto lograra que sea distinto,
al camino recorrido y al camino por correr,
Por que sabes, sin saber,
lo que soy y lo que he sido.

Y ni novio ni marido me podrás llamar jamas,
porque yo soy algo mas,

no por mucho, no me midas.

Solo se que lo que pidas por amor te lo dare,
que sin el no te doy nada.
Y me iré de madrugada cuando un poco de todo esto
para ti no este dispuesto.


Que por hoy a cada instante,
te amaré como una amante
como niño mi ternura
jugara con tu cintura,
con tu vientre,
con tu piel.

Y jamas te seré fiel como lo es aquel
marido que al amor lo tiene unido
unas firmas, una cruz,

Tras mis sombras hay mas luz
no por eso soy mejor,ni me siento mas honrado,
solo sé que yo te amado, como se ama a una mujer.

¿Se imaginan? Tal pareciera que estaba inspirada en mi relación con *****. Guarde ese pedazo de papel, aunque todavía no sabía conscientemente porque. Era más que obvio, ¿No? Pero obtuso que es uno.
Otros tantos días después, ***** me citó en el edificio D, tercer piso, a esa hora de la tarde, donde ya casi no había gente. Sitio habitual para parejas “al borde de la ley”. No recuerdo exactamente como pasó lo que pasó, lo único que recuerdo fue lo siguiente:

- Entonces ¿Así quedamos?
- Sí, así quedamos

Según mis recuerdos, el acuerdo que aceptaba es que nuestra relación no tenía futuro, pues ella ya estaba bastante comprometida con su novio (actual esposo). Y que yo, dadas las circunstancias, no le daba la importancia adecuada a la ya intensa relación que llevábamos.

De mis últimos actos hacia ella, fue dejarle el poema, la hoja del poema en su casillero, con una nota mía diciendo:

“No sabes cuanto bien me ha hecho tu presencia en mi vida. Llegaste justa, para sacarme del hoyo. No sabes cuanto me duele aceptar que ya no sigamos con lo nuestro. Pero está bien. Y te dedico este poema que no es mío por paternidad, pero sí es mío por sentimiento, porque lo hago muy mío, porque dice mucho de lo que quiero pero no atino a decirte. Tómalo, ahora es tuyo. Con todo mi amor y cariño”
++++

Y me gradué, y me incorporé al mercado laboral, dejando atrás, amigos, profesores y amores fallidos.

Años después, estando ella ya casada, yo casi igual que cuando nos despedimos, nos reencontramos en una reunión de “amigos” de la escuela. ¿Que puedo decir cuando la volví a ver? Amor, cariño, mucho afecto, emoción.

- ¿Cómo estas?
- Bien ¿Y tú?
- Ya me casé…
- Sí, lo sé. Felicidades. Que mala onda, no me invitaste a la boda.
- ¿Sinceramente, hubieras ido?
- Sí, para objetar cuando el padre preguntara lo de la objeción
- Ja ja ja, no me casé por la iglesia
- Por el civil preguntan lo mismo, ¿No?

Convivimos muy a gusto, todos, los ex compañeros, algunos ya con hijos, otros casados otros en proceso de divorcio. Y algunos pocos, como yo, sin algo relevante que contar.

No quiero hacer una apología del alcoholismo, pero en mi experiencia, como ayuda, en cantidades controladas, para ablandar al yo y dejar que se digan las cosas, por mas sinceras y duras que estas sean.

Esto viene a cuento, porque ella, *****, con lágrimas en los ojos, lágrimas que en verdad me dejaron turbado, porque salieron de la nada, cuando estábamos platicando de algún tema trivial, aunque jocoso, me dijo:

- …
- ¿Por qué me dejaste ir?
- ¿De que hablas?
- ¿Te acuerdas de ese día, en el edificio D?
- Sí, con mucha tristeza, cuando me pediste que dejáramos nuestra relación
- ¡Estás loco! ¡Fuiste tú quien ya no quiso continuar!
- ¡Claro que no!, tú me dijiste que tu relación ya estaba muy consolidada, que yo no te prestaba la atención debida. Solo dije que sí a tu petición
- Y luego ese poema, ¿Te acuerdas?
- Como olvidarlo; no recuerdo exactamente que dice, pero si recuerdo el sentimiento que despierta en mí
- Pero, no, tú ya no quisiste seguir
- Que no, fuiste tú
- …
- ¿Hubiéramos sido felices?
- No lo sé, tal vez en estos momentos estaríamos divorciándonos. O tal vez estaríamos criando un bebé. O tal vez estaríamos divorciándonos, a la vez que criamos dos bebés
- Ja ja ja, sigues siendo el maestro de burlarte de las desgracias, propias y de los otros
- Prefiero reír a llorar
- ¿Te molesta que llore?
- No, pero me pone triste
- Ay amiguito, ¿Así que todo se reduce a un mal entendido?
- Espero que no…
- ¿Eres feliz?
- Pues, sí, él me quiere mucho, vivimos a gusto, salimos, nos divertimos. Sí, soy feliz. ¿Y tú?
- No
- Ja ja ja, franco a morir
- Si, ya vez, sigo muy igual
- …

Y seguimos platicando de trivialidades.

¡Todo es remolino de recuerdos gracias a un pedazo de papel olvidado entre hojas y hojas de papel! Carajo, estoy seguro que de haberlo buscado, no lo hubiera encontrado.

Estimado lector, que has leído todo este espagueti personal, te estoy muy agradecido. Quiero terminar diciendo que el autor del dichoso poema se llama, perdón, quiero decir, se llamaba Marcial Alejandro, acaecido a el 22 de marzo de 2009.

Desde esta extensión de mi conciencia, recibe, si es posible, entrañable trovador, mi más profundo afecto, cariño y respeto. Ojala que otras personas te recuerden como yo a ti.

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11 junio 2011

El Píjarito

Diminutivo del apodo original, Píjaro. Es un hombre de edad, tal vez mayor que mi papa, unos diez o quince años. Yo le calculo unos 70 y algo. Es difícil de precisar, porque el Píjarito se ha partido el alma desde siempre y tiene la clásica figura del mexicano pobre: flaco, pero correoso, pareciera en la antesala de la muerte, pero años pasan y mejor se mueren los que están “sanitos” (como no se van a morir, semejantes gordos). Tal pareciera que nació así como es. Para ser francos, desconozco si alguna vez fue feliz.

De mirada larga, profunda y muy cansada, muy vieja, es de buen trato. “No le queda de otra” pienso cuando se refieren a una chica poco agraciada (feíta o gordita) como buena onda. No le queda de otra al Píjarito debería pensar. Lo cierto es que no pienso eso de él. Tal vez sea porque soy misógino, o porque me identifico con el género masculino, o vaya usted a saber por qué. El sentimiento que me da cada que lo veo es de una profunda tristeza.

Tal vez eso sea con lo que me identifico. Una tristeza muy superior a la mía. Al menos eso creo, nunca le he preguntado si es feliz. Pero su trato no refleja tristeza, cansancio tal vez. El Píjaro se dedica a las “talachas”, ese oficio que da servicio a las llantas, pero sin equipos sofisticados, muy mecánico el asunto y por lo mismo desgastante. ¿Han cambiado una llanta? Eso de estar en cuclillas, agachado y con el cuerpo doblado, si no estás acostumbrado, cansa. Y mucho. Más si tienes una “llanta” integrada en tu puerquecito. Más si tienes edad suficiente para jubilarte.

Yo creo que de ahí le viene el cansancio al Píjaro. Pero él no se queja, nomas trabaja y trabaja. Pareciera que siempre estará ahí para cuando necesitas una talacha, o aire para tu llanta. Hasta el momento, siempre que voy, siempre lo encuentro. Se me hará raro el día que no lo encuentre. De alguna manera, este señor me inspira respeto. No como al que le tengo a mi padre, pero si mucho mas respeto que muchos colegas que tengo. Mucho más.

Hoy pase porque tengo una llanta que se le baja constantemente el aire. Estaba dormitando. Mejor dicho, estaba dormido. Francamente dude entre hablarle y dar la vuelta para regresar otro día. Pero por una parte me preocupaba que mi llanta tuviera un desperfecto, y por otra parte, si me iba, el Píjaro dejaba de ganarse unos pesos, pocos, pero necesarios.

Así que lo más amable y cortes que me fue posible, le sacudí el hombro. Me miró un poco desconcertado, no mucho, unos dos segundos, que si no estás a la expectativa de la reacción del otro, ni cuenta te das.

-“Buenas, Don, ¿Me revisa la llanta?”

El me responde con esa voz apagada y aguardentosa.

-“Sí, ahí ponlo”

Me pregunto si es apagada y aguardentosa porque antaño se desgañito diciéndole palabras bonitas a las mujeres, o porque grito por seguir a su equipo de futbol favorito, o porque se la paso conversando con sus amigos. O tan solo es la edad. Esto último es lo más probable, pero la idea romántica de que se quedo sin voz porque les hablaba bonito a las mujeres es con lo que me quedo. Poco probable, pero a mí me gusta así.

Lo veo moverse con la presteza de quien está acostumbrado a servir a los demás. Pero no a manera de servidumbre, sino como un servicio que tú no sabes hacer y que el otro sí. Mete debajo de mi coche su “gatote” hidráulico. Es un gato tipo patín, viejo como su dueño, pero eficaz, también como su dueño.

Me gusta como trata el rin de mi auto. Algo sabe de rines y llantas. En lugar de meter sus herramientas toscamente, como en casi todos los “servicios computarizados” que conozco, busca con cuidado el diámetro correcto de los birlos. En lugar de azotar el rin, lo baja con cuidado y lo rueda.

Trata bien mi pertenecía. Por eso voy con él. Y es que no sé si no le queda de otra, pero sí sé que, dentro de lo bueno o malo del asunto, le gusta su trabajo. Creo que a mí también me gustaría hacer talachas. No para vivir, sino a manera de terapia. Se requiere algo de físico y habilidad para quitar la llanta del auto, y luego quitar el neumático del rin.

-“Pues no le veo problema alguno, pero ahorita se lo hacemos”

Ja ja, a pesar de todo, se permite bromear. Eso es algo que me gusta de las personas. Yo mismo prefiero reír a llorar. Aunque a veces me gana el llanto, prefiero los estertores de la risa loca que los estertores del llanto amargo.

Lleva la llanta hacia el sistema último de detección de fugas en una llanta: una bañera llena de agua lo mas cristalina posible.

-“Aquí está el problema, chiquita la fuga, mira”

Y yo miro. Y sí, es pequeña la fuga, imperceptible sin el sistema detector de fugas “Píjaro 2011”

-“Nomás que no te la puedo arreglar, ya viene parchada”

Asiento lacónicamente, pues ahora recuerdo que esa llanta tiene un “detalle”. El detalle es que en un banquetazo, se daño la cara. Se supone que la compusieron, pero no quedo bien. O bueno, quedo lo mejor que se pudo. Después de todo, el desgaste por presión, lo lleva la cara de la llanta.

-“Ni hablar Don, ¿Cuánto le debo?”

Me da el precio. No es mucho, más bien es casi nada. Le doy un tanto más. A fin de cuentas, trata bien a mis rines.

Me aconseja que no cambie la llanta, que nada mas le eche aire una vez a la semana, esta “buena” todavía, me dice.

-“Sale pues don Píjaro, muchas gracias”

Y me voy. Y le rezo a mi Angelito de la Guarda:

“Angelito de mi guarda,
Dulce compañía
No me desampares, ni de noche ni de día
Cuando veas que ya no sea autosuficiente
Arráncame la vida, aléjame de la agonía.”

03 junio 2011

Introspección

…

-Nada ha cambiado…

…

Soltaste esa frase como sólo tú sabes hacer. Sin malicia, sin saber las consecuencias de tu acto. A veces creo que lo haces sin pensarlo. Pero no, no es tu forma de ser. Mucho de lo que llamo la atención acerca de ti, es tu inocencia. En algunas cosas, claro.

Pero sé que no imaginaste el poder destructivo que esa frase tuvo en mí. “Nada ha cambiado” dijiste, y mientras seguíamos la conversación, la mitad de mi cerebro, de mi atención divagó y divagó sobre la importancia de tu frase. Si nada ha cambiado, estamos como cuando nos despedimos, bueno, cuando yo me despedí. No recuerdo en que siguió nuestra plática.

¿No hay futuro entre nosotros? No, tu frase lo sentenció todo. Así de sencilla, así de demoledora. “Nada ha cambiado” dijiste, cuando yo quería explorar la posibilidad. Tal vez lo intuiste, de manera inconsciente, y esa fue tu respuesta a una pregunta no planteada.

¿Qué pude haberte dicho? ¿Reclamarte? ¿Reclamar, qué? Si antes éramos “amigos”, ahora somos poco menos que eso. Y no es porque ya no quiera verte o hablarte, es porque también necesito verte, olerte y sentirte. Pero no, tal cosa ya no debe ser. Por mi bien. Y la amistad, como todo en la vida, debe cultivarse para preservarse.

Una de las divagaciones en las que caí, fue con respecto un artículo, de esos que me gustan leer, era la plática ficticia entre dos científicos/filósofos que se planteaban el hecho de que pasaría si en un universo donde todo es inamovible llega un objeto de un universo donde todo es imparable. La respuesta fue: “Tal situación es imposible, en un universo inamovible no puede existir lo imparable. Y en un universo imparable no puede existir lo inmovible. Son universos mutuamente excluyentes”.

Tiene lógica y sentido. Pero no, amigos científicos/filósofos, a veces lo imposible ocurre. Yo tengo la respuesta correcta: “Lo que sucede en un escenario así, es que uno de los universos se marchita lenta, pero inexorablemente, mientras que el otro permanece”. Es increíble la capacidad de la mente humana, mientras tú y yo seguíamos hablando de no sé qué, yo llegaba a conclusiones y mas conclusiones, ninguna favorable a mi persona.

…

-Nos vemos

-Que estés bien

…

O algo así fue el fin de nuestra charla. “Nada ha cambiado” dijiste, “Tampoco de este lado” te hubiera dicho, pero no lo hice. Esta fue la ocasión en que dos universos mutuamente excluyentes se encontraron. A veces lo imposible no es agradable de vivir.

El último día de mi vida (II y final)

Advertencia: El contenido del siguiente texto trata sobre el suicidio, desde mi punto de vista, por lo que no es la opinión de un experto y...